Habilidades ocultas

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Piojos

Retomo el batiburrillo de cosas de mi último post, porque son muchos los retos que jamás podrías imaginar, a los que te enfrentarás y muchas las habilidades que los padres deben desarrollar, en el momento que tienen hijos. Algunas no nos atrevemos ni a mencionarlas, pero hoy estoy lanzada… vergüenzas fuera.

Empiezo con las más complicada. ¿Cómo se despioja una madre a sí misma, cuando sus hijos le traspasan sus posesiones? Porque poner y quitar la loción, pasar la liendrera y sobre todo quitar los bichitos a mano de tus hijos, da asco, es laborioso, pero es posible. ¿Pero…. quién libera del picor a las madres? ¿Eh? Aquí hay un nicho de mercado; no digo más.

Yo a estas alturas no tengo problemas en reconocer nada. Además seguro que mis hijos ya han hablado con detalle de todos los contagios de que he sido víctima.

Despiojarse a una misma es imposible. Pedirle esto a mi marido…. sinceramente me da penita. Alguna vez he recurrido a amigas, pero realmente, mi mejor aliado es mi peluquero. Lo que hago es darme un baño de color, confiando en que los potingues acaben con ellos. No conozco la eficacia científica de este método, pero creo que en mi caso ha sido lo que ha terminado con liendres y piojos en las últimas ocasiones.

Éste es uno de esos momentos en los que una no piensa cuando está embarazada, pero que llegan.

Por no hablar de todas esas habilidades ocultas que una no sabe que tiene hasta que empieza a tenerlas gracias a los hijos. La cocina nunca fue mi fuerte, pero he tenido que ponerme al día con la repostería multicolor última moda porque Irene cada quince días aproximadamente se muere de ganas por hacer un bizcocho. Tampoco lo eran los trabajos manuales, pero oye en los últimos años he convertido un huevo en un rey Gaspar, botes de tomate en pares de zancos y he hecho una guitarra de rock con cartulina, entre otras cosas. Hacedme caso, antes de dar a luz, sacad el momento para un taller de pintura o un curso para hacer muñecos con gomaeva. Lo amortizaréis seguro.

Pero sin duda, y ahora hablo en serio, la vocación oculta que mi faceta como madre me ha hecho descubrir es la de mediadora de conflictos. Y tengo que reconocer que tiene su punto. La cintura para esquivar golpes, la psicología, la intuición, en definitiva la sensibilidad nunca sobran en una familia con niños. Porque lo normal es que haya permanentemente varios frentes abiertos, que requieren de una habilidad especial. Uno de los momentos que más felicidad aportan, de la vida con niños se produce cuando logras dar con la tecla correcta para poder superar una dificultad, dar por cerrada una cuestión eterna, conseguir que tu hijo deje de tener miedo a algo en concreto, o que haga las paces con su padre.

Lo de limpiar cabezas es pecata minuta comparado con el reto de hacer sentir a nuestros hijos que estamos ahí y que no siempre acertaremos, pero que la intención es la de ayudarles a superar cualquier contratiempo, o por lo menos la de que no lo vivan solos.

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