Si vas a la cabalgata de Reyes, cuidado con los caramelos

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Quién no le ha gritado a su rey favorito que se acuerde de su regalo al paso de la cabalgata. Y quién no ha recibido un caramelazo a traición. Este desfile es una bonita tradición y el broche de oro de la Navidad, pero nos arriesgamos a sufrir daños colaterales.

Toneladas de caramelos

Los programas de las Navidades de todos los pueblos y ciudades de España terminan explicando con orgullo cuántas toneladas de caramelos se van a desparramar sobre el público de la cabalgata de reyes. Cuantos más mejor. Frente a este despliegue, cabe preguntarse, ¿pero a alguien le gustan los caramelos? Los mayores pasamos bastante y, para los niños a los que sus padres les dejan comen chuches, desde luego que los caramelos no son los primeros de la lista. Entonces, ¿por qué nos volvemos locos por acapararlos? Todo un misterio.

 

Gritos y golpes

Es un clásico en la cabalgata. Esperar con ilusión hasta que pase tu rey favorito, en quien tienes depositada toda tu confianza para que te traiga el juguete soñado y, cuando lo tienes delante, gritarle que no se olvide de tu regalo. El rey, por supuesto, no te ha oído, pero has llamado la atención de uno de los pajes de su séquito, que inmediatamente te lanza un caramelo, o un puñado de ellos, directamente a la cara. ¿Por qué los lanzan con tanta inquina? ¿No estamos en unas fechas de paz y amor?

 

Los adultos, peor

Si la actitud de los niños tirando a dar desde las carrozas es, cuanto menos, censurable, lo de los adultos peleándose por llevarse a casa bolsas enteras de caramelos es tremendo. Se ponen en las primeras filas y no dejan ver a los niños, se arrastran por el suelo para recoger los caramelos que se les caen a los demás, se empujan y se enfadan si no satisfacen su ansia de dulces... Y ahora, además han añadido a su peligrosa afición un elemento extra: los paraguas al revés, con lo cual ahora también pueden metérselos en el ojo a cualquiera que se les acerque.

 

La salvación

Menos mal que, visto lo visto, en muchas ciudades se han puesto las pilas y han cambiado los caramelos de toda la vida por caramelos de goma o chuches más blanditas. Así nos evitamos denuncias (sí, las ha habido por daños graves causados por un caramelazo mal dado) y si a los niños les da por jugar al tiro al blanco por lo menos la cosa no irá a mayores. Si en tu ciudad la cabalgata sigue siendo a la antigua usanza no te va a quedar otra que llevar al niño con casco. ¡Felices reyes!

 

 

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