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Displasia de cadera
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La displasia de cadera en los recién nacidos

La displasia de cadera o displasia evolutiva del desarrollo de la cadera (DDC) es el desarrollo anormal de la unión que hay entre la cabeza del fémur y la cavidad de la cadera donde encaja. Como consecuencia se produce un desplazamiento de la cabeza del fémur hacia fuera.

El hueso del fémur se puede salir de la cavidad de manera intermitente por inmadurez o de manera permanente (cadera luxada). Esta enfermedad se presenta en 5 de cada 1000 recién nacidos y afecta más a las niñas y a la cadera izquierda.

No se sabe su causa, aunque se asocia con la falta de fuerza de los ligamentos; la escasez de líquido amniótico durante el embarazo o la mala postura del feto en el útero materno. También puede ser de carácter hereditario. Los antecedentes familiares, el sexo femenino o un parto de presentación de nalgas son factores de riesgo en la displasia de cadera.

El diagnóstico precoz es fundamental para un tratamiento correcto antes de que el niño empiece a andar. Será el pediatra el que lo diagnostique desde la sala de parto y en los sucesivos controles de salud infantil.

En cada revisión se explorará de manera minuciosa las caderas, valorando el movimiento espontáneo de las piernas, la longitud de las mismas y la asimetría de los pliegues.

El pediatra pedirá ecografía de cadera en bebés de menos de 5 meses y radiografía si son mayores y en función de la gravedad del caso se decidirá el tipo de tratamiento. En niños de menos de 6 meses suele consistir en un arnés, que los bebés suelen tolerar bien y que normalmente no es necesario llevar durante más de dos meses.

Cuanto antes se inicie el tratamiento, mayor es la posibilidad de una buena respuesta y una curación completa.