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La autoestima: a la cabeza de las habilidades para ser más felices

La imagen que una persona tenga de sí mismo es la base primordial de la autoestima. Esta imagen no es un valor absoluto; se trata de algo que se construye poco a poco a lo largo de toda la vida. Los niños con baja autoestima no se atreven a enfrentarse a retos nuevos o a defenderse ante algo que no les gusta. Por el contrario, los niños con una autoestima sana sabrán hacerse valer y respetar, superarán actitudes egocéntricas propias de algunas etapas como la adolescencia y se comunicarán mejor con su entorno.

Sentir que los demás nos quieren y aprecian es el mejor estímulo que nuestros hijos pueden recibir para tener una buena autoestima. En la familia, nuestro hijo percibe este mensaje a través de los abrazos, las caricias y los gestos de cariño en general. Por eso lo más importante que podemos hacer por su felicidad futura es mostrarle una actitud positiva ante las dificultades.

Expresiones como “lo haces todo mal”, “eres un desastre”, “no escuchas” harán que nuestro hijo piense que no es capaz de hacer mejor las cosas y en lugar de autoafirmarse terminará inhibiéndose. Los niños con baja autoestima son más manipulables porque evitan, a toda costa el enfrentamiento.

Valorar sus logros y su evolución en todo lo que tiene que ver con el colegio es un modo de motiviarles a la vez que trabajamos la autoestima. Recuerda que su día a día está repleto de pequeñas y grandes dificultades que es importante que tengamos en cuenta.

En este proceso el grupo de amigos, igual que los padres, juega un papel fundamental ya que la formación de la identidad y la necesidad de reconomiento en un grupo son dos caminos paralelos.

La autoestima está a la cabeza de las habilidades que tu hijo tendrá que desarrollar para ser feliz. Sin dejar de ser realista respecto a las capacidades, valores y límites de tu hijo, es mucho lo que puedes hacer en el seno familiar para estimularle positivamente, ayudarle a avanzar y que se sienta seguro.