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Las enfermedades del verano

¿Qué puedes hacer para esquivar estas molestias veraniegas? Lo principal es que conozcas cuáles son los riesgos para, en la medida de lo posible, poder adelantarte a las típicas molestias del verano.

La piel hay que mimarla durante todo el año, pero es especialmente en verano cuando hay que someterla a una protección intensiva porque el calor y los rayos solares son los agentes que más la hacen sufrir y debilitarse.

¿Y cuáles son las enfermedades dermatológicas más habituales en verano?

La humedad es el caldo de cultivo para la proliferación de los temidos hongos. En verano la sudoración y un incorrecto secado de los pliegues de la piel provocan la aparición de esta infección. Y uno de los hongos más desagradables y contagiosos que hay es el ‘pie de atleta’, muy habitual en verano debido a las altas temperaturas, la humedad y al hábito de andar descalzos en piscinas, duchas públicas o incluso por la calle. Suelen localizarse entre los dedos de los pies, en la planta y el dorso, produciendo escamas, fisuras dolorosas, rojeces, mal olor, incluso alteraciones en las uñas, además de un gran picor.

Para evitar el contagio de estos molesto hongos:

  • No andes nunca descalza, utiliza chanclas en piscinas, duchas o cualquier lugar público.
  • Lava tus pies a diario y sécalos bien.
  • No utilices calcetines gruesos o calzado que no deje transpirar (mejor de algodón y fibras naturales) y cámbialos cuantas veces sea necesario para evitar la humedad.
  • No uses calcetines, zapatos o toallas de otra persona.

Muchas personas son alérgicas al sol o tiene episodios alérgicos producidos por la ingesta de determinados medicamentos. Esto provoca reacciones cutáneas, de fotoxicidad y alteración en la pigmentación. Por eso debes tener cuidado con, por ejemplo, las medicinas utilizadas en enfermedades psiquiátricas (fenotiazinas), antiinflamatorios, edulcorantes como la sacarina, medicamentos contra las infecciones (sulfas o tetraciclinas), contra la diabetes (sulfonilureas), o aquellos utilizados contra el acné, como la tretinoina. Además, la exposición al sol está especialmente contraindicada cuando los niños sufren otras enfermedades dermatológicas como herpes, albinismo, o dermatitis. Simplemente protegiendo tu piel adecuadamente puedes evitar muchos disgustos este verano.

La llegada del buen tiempo y las vacaciones, también implica un cambio brusco en los hábitos alimenticios. Muchas veces el estómago no está preparado para ello y se producen trastornos que pueden derivar en problemas de muy graves consecuencias. Los descuidos, comer fuera de casa, la falta de higiene y la mala manipulación de los alimentos son las causas principales de las alteraciones gastrointestinales en verano.

Entre ellas, los cortes de digestión. Es muy común sobre todo en los niños, que no respetan el período de la digestión.

Las medidas preventivas para evitar estos percances, todos las conocemos:

  • No bañarse hasta pasadas al menos una hora y media o dos horas después de las comidas.
  • Evitar corrientes o ambientes fríos durante la siesta.
  • Cubrirnos la tripa.
  • Evitar las bebidas muy frías.

También son más frecuencias en verano las intoxicaciones alimenticias. Esto es debido a que las bacterias, que están presentes en el suelo, aire, agua, incluso en los animales y en la gente, crecen más rápidamente con el calor y la humedad.
Ten cuidado con la carne en general, especialmente con el pollo, la leche (sin pasteurizar) y los productos lácteos, el huevo y sus derivados. También con el agua, los crustáceos o las verduras mal lavadas. El típico “dolor de tripa” no es una enfermedad grave, pero sí muy molesta. Aunque en niños puede tener consecuencias más graves por la deshidratación que ocasiona, la solución pasa por mantener los alimentos sanos en el verano. No olvides lavarte las manos con agua y jabón antes de manipular los alimentos y recuerda a tus hijos que también lo hagan antes de sentarse en la mesa. Cuando pongas los alimentos en una nevera portátil para llevar, envuelve las carnes herméticamente para evitar que los jugos de las carnes crudas entren en contacto con los alimentos que están listos para comer. Y asegúrate que los alimentos estén bien cocidos por dentro y por fuera, sólo así podrás matar las bacterias dañinas. No consumas las sobras que hayan permanecido fuera de refrigeración por más de 2 horas. Y algo importante, si tienes una mínima duda del buen estado de algún alimento ¡tíralo!

El uso de aire acondicionado de forma indiscriminada, la sequedad y contaminación del ambiente en los espacios refrigerados, las noches frías del verano o el choque que sufre el organismo con los cambios bruscos de temperatura, son algunos factores que contribuyen a la proliferación de muchos gérmenes causantes de las infecciones pulmonares de verano.

La excesiva e indebida exposición al sol y el sometimiento continuo a elevadas temperaturas traen consigo los habituales golpes de calor o insolaciones. Mantén a tus hijos hidratados durante todo el día, controlando la temperatura corporal. Sobre todo si están jugando, los niños pierden la noción del tiempo y pueden pasar horas sin beber o expuestos a temepraturas demasiado altas sin darse cuenta.