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¡Necesitamos dormir!

Despertarse tres o cuatro veces en la noche o estar dos horas junto a la cama del niño esperando que se duerma, interfiere seriamente en el descanso de los padres que “sufren” esta conducta del hijo.

Los problemas a la hora de dormir pueden adoptar alguna de las siguientes formas (Macià, 2002):

  • Rechazo a ir a la cama a la hora fijada. El hijo se opone a ir a la cama, no haciendo caso de los avisos para acostarse, de las peticiones, ruegos u órdenes. Se queja, llora, huye y coge un berrinche ante las exigencias de los padres. En otros casos más benignos el niño empieza un nuevo juego cuando se le dice que se acueste, pide ver un programa de televisión, pide tomar un yogur, ir al servicio o que le cuenten un cuento.
  • Llamadas a los padres desde la cama. Desde la cama el crío empieza a llamar a los padres para que estén con él en la habitación.
  • Ir a la cama de los padres. Una vez acostado, a media noche, el niño se pasa a la cama de los padres para dormir con ellos. Generalmente este hábito se inicia una noche por miedo o pesadillas y después es difícil eliminarlo.

El sueño está regulado biológicamente, sin embargo los padres desde muy temprano deben inculcar rutinas para adquirir hábitos correctos de sueño en los niños y ser consistentes en su aplicación. Hay que consolidar una rutina que dé seguridad al niño/a.

Cuando aparecen los problemas para dormir, una estrategia eficaz es la extinción: cuando el chaval se despierta por las noches, llama a los padres, y éstos acuden raudos a su habitación para que se calme y le susurran frases al oído, le cogen la mano, lo acarician y lo besan, lo que están haciendo es premiar al niño por despertarse y llamarlos a las tres de la mañana. Si no reforzamos esa conducta, aunque suponga tener que escuchar llorar al crío durante varias noches, hará que el hijo aprenda que este comportamiento es inútil.

Muchos padres pueden sentirse incapaces de ser tan “crueles”, por lo que lo mejor es empezar desde pequeños con los pasos que señalamos a continuación del programa para hacer frente a los problemas a la hora de dormir (Herbert, 1999):

  • Rutina para conseguir que el niño pequeño se vaya a la cama. 15 minutos antes avisar que se acerca la hora de ir a la cama, disponer todo para que ese tiempo sea tranquilo (ver dibujos en la tele, jugar tranquilo); bañar al crío y que se ponga el pijama; darle la cena; acostarlo y darle algo con lo que esté a gusto (peluche, un cuento); contarle un cuento, hablar de algo agradable del día o cantarle una canción; despedirse del hijo hasta mañana, darle un beso y las buenas noches; apagar la luz (puede dejar una luz mínima) y salir de la habitación. Si el niño no quiere quedarse solo en la cama nada más acostarlo o se despierta a media noche y se pasa a la cama de los padres, pueden seguirse estas estrategias:
  • Si llora o llama, ignórelo. Si no puede aguantar esto, pruebe con la extinción gradual. El primer día no se coge en brazos, se le coge la mano y se le susurran palabras tranquilizadoras al oído (durante dos o tres noches). Posteriormente sólo se le coge la mano, sentado en la cama pero sin hablarle. En noches sucesivas sólo se sienta en la cama, sin cogerle la mano o se permanece junto a él de pie en la habitación. Se trata de fijar objetivos graduales en los que los padres se sientan más seguros de poder cumplirlos.
  • Si el hijo sale de la habitación y se va a donde se encuentran los padres. Hay que llevarlo de nuevo a la habitación, prestándole la menor atención posible (sin darle conversación, ni intentar convencerlo de nada, ni abrazarlo). Meterlo en la cama sin inmutarse y decirle que debe quedar en la cama y que si se levanta, lo traeremos de vuelta otra vez.
  • Las noches que no se levante podrán ser reforzadas positivamente a la mañana siguiente con elogios o alabanzas. Al final de la semana se podrá utilizar un refuerzo material a medida que mejore en los hábitos de dormir.

Estas estrategias necesitan que los padres aparezcan ante los hijos tranquilos, relajados y amigables. Esto es difícil de conseguir a las cuatro de la mañana cuando nos despierta por tercera vez porque quiere dormir en nuestra cama. Pero el cambio será más rápido si nos mostramos firmes y amigables al llevarlo de nuevo a su cama.

Agotadas estas estrategias durante un tiempo dilatado, de persistir las dificultades, deberemos pedir ayuda a un profesional.

Extracto de la obra “Prevención e Intervención ante problemas de conducta”, de Wolters Kluwer
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