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El apego: la relación afectiva más íntima, profunda e importante

Entrevistamos a Carmen López Siller, psicóloga y psicoterapeuta que nos va a hablar sobre la importancia del apego.

1. ¿Cómo definirías el apego?

El apego es la relación afectiva más intima, profunda e importante que establecemos los seres humanos, y que se va creando a través de reacciones y percepciones entre la madre (o la persona que lo cuida) y el niño. Es una conducta tan primaria que la compartimos con la especie animal, y es la que desarrollamos cuando nos sentimos angustiados, con temor y buscamos la protección de alguien que nos transmita protección, cuidado y seguridad.

Si vemos a un niño que se asusta, ¿a quién acudirá? A esa persona que le transmita seguridad, protección y cuidado. Esa será su figura de apego. Cuando un niño llora porque se ha hecho daño, o por que tiene hambre, ¿a quién acudirá, o a quién esperará? A quien le calma, protege y cuida… si todo ha ido bien. Porque el apego se forma esencialmente en aquellos momentos en los que el niño siente o expresa algún malestar y con lo que hace la madre, el padre o la persona que lo cuida, para calmarle, para regularle emocionalmente.

Para que el apego se produzca, la relación debe ser duradera en el tiempo, hablamos de años; estable, consistente y específica, predecible y debe comprender un patrón de protección y de regulación emocional.

Hay autores que hablan del apego como un escudo protector, y señalan que lo primario en la vida del niño es el desarrollo de un sentido de seguridad emocional.

2. ¿Por qué es importante para el desarrollo?

Porque las personas necesitamos relacionarnos y vincularnos con otras personas que nos cuiden y nos quieran.

Porque la regulación psicobiológica, que es lo primero que tiene que hacer un adulto con un bebé, que llora, está excitado y que necesita ser tenido en brazos y contenido, va a organizar todo un sistema motivacional que influirá en un futuro en la gestión de nuestras emociones.

Porque en la medida que nosotros ayudamos a que nuestro hijo se regule, le enseñamos a que él mismo lo haga solo. Nuestro ayuda externa se va transformando en capacidad interna: si no le he ayudado a regularse, no sabrá hacerlo. Esta danza se basa siempre en un primer paso: el que comienza el baile, es el adulto. Hoy es muy común encontrarse con niños que no saben manejar su frustración, contener su rabia, manejarse solos. Hay muchos problemas de regulación emocional que luego confundimos con otros trastornos como déficits de atención o hiperactividad.

La calidad del apego recibido va a influir en su sentido de la confianza, en su seguridad básica, en su autoestima y en su autonomía. Si un niño está angustiado, excitado, esa excitabilidad y angustia inundan su mente, limitando su capacidad cognitiva, y su capacidad de exploración. Sólo cuando un niño está calmado y tiene la seguridad de que si le pasa algo podrá acudir a su madre o a su padre para ser calmado puede invertir energías y vitalidad en explorar, dentro de él y fuera.

La confianza en el disponibilidad de las figuras de apego se va construyendo poco a poco durante los primeros años de vida y las expectativas desarrolladas en ellos tenderán a persistir relativamente estables durante el resto de la vida: Las relaciones de apego afectan al desarrollo de la personalidad

3. ¿Cuál es la evolución de este tipo de relación?

El apego no empieza cuando nace el niño, sino mucho antes, casi desde que es pensado, desde que quiero tenerlo, y quiero que sea niño o niña y temo que le pase esto y deseo que sea así, y pienso en cómo pondré su habitación y me emociono con la ecografía, y no sé si sabré…Durante el embarazo el apego va cogiendo carrerilla. Ya cuando se le tiene delante, de carne y hueso, la primera preocupación de la madre es su supervivencia y que esté bien y comienza el gran reto de la regulación emocional y psicobiológica: cuando está inquieto, alterado, ¿cómo le devuelvo a la calma? ¿cómo le regulo?

Aquí es donde comienza a jugarse la estructuración del proceso del apego. Aquí es donde hablamos de estabilidad: estoy o no estoy a lo largo del tiempo; de predectibilidad: soy consistente en lo que hago; y de disponibilidad: estoy disponible cuando el niño lo necesita.

Un bebé es puro cuerpo y pura emoción: cuando un bebé llora, está alterado, necesita ser tenido en brazos y contenido. Según va creciendo vamos incorporando nuevos elementos que tienen que ver con su desarrollo cognitivo, afectivo, social y las maneras en las que le vamos regulando van variando para permitirle pasar de la hetero-regulación, la que le viene de fuera, la que le brindan sus padres, sus cuidadores, a la auto-regulación.

Mediante el vínculo de apego se garantiza la supervivencia y la seguridad emocional del niño, por lo que la perdida de esas figuras le harán sentir desprotegido y amenazado.

¿Pero qué ocurre cuando aquel que tiene que calmar no lo hace? Aquí se abre todo un abanico de alteraciones desde la más leve a la más severa.

4. ¿Qué podemos hacer las madres para tener un apego sano con nuestros hijos?

Lo primero es la regulación emocional y psicobiológica. Para ello tenemos que brindar disponibilidad, predictibilidad, estabilidad y sensibilidad. La calidad el apego va a venir determinada por la calidad de nuestra capacidad para regular y calmar, sin prolongar innecesariamente los tiempos que un bebé llora o se le deja solo por ejemplo. La idea de que los niños lloran para manipularnos, no siempre tiene sentido. Lloran, patalean, tiene rabietas porque no saben manejar esa desregulación que sienten.

Si la madre o el padre o el cuidador regula adecuadamente (baja el estrés del niño), el niño comienza a desarrollar confianza básica, seguridad emocional. Genera la expectativa (representación mental) de que ese adulto le va a calmar. Si ha sido bien cuidado, bien calmado, desarrolla posteriormente habilidades para contenerse él solo, para regular en la vida su propio estrés, su propia ansiedad, frustración, enfado…

Escuchar, empatizar, validar sus sentimientos, mostrar las consecuencias de su comportamiento, ayudarle a buscar alternativas y así enseñarles estrategias de autorregulación son básicas para generar con el niño una relación que le genere seguridad.

Carmen López Siller
Psicóloga y psicoterapeuta
Orientary.wordpress.com