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¿Cuáles son los grandes enemigos de nuestra dieta?

Parece que en otoño la alimentación no es un problema que nos preocupe demasiado, las vacaciones han terminado y toca ponerse más capas de ropa para combatir el frío. Sin embargo, no podemos dejar de cuidarnos en ningún momento del año, es la mejor fórmula para que no tengamos que preocuparnos de ninguna operación bikini, sino mantener un peso ideal que nos permita un cuerpo sano los 365 días del año. Para ello, hay ciertos “enemigos” en nuestra dieta que no podemos pasar por alto.

A lo primero que tenemos que acostumbrarnos cada vez que hacemos la compra es a leer el etiquetado de los alimentos. Aparta la idea de tu cabeza de que cuantas menos grasas mejor es el producto pues no es necesariamente así. Según la pirámide nutricional de una alimentación saludable entre el 20 y el 25% de las calorías diarias deben provenir de la grasa, pero ojo, grasas saludables necesarias para el correcto funcionamiento del organismo como las insaturadas y poliinsaturadas que encontramos en alimentos como el aceite de oliva, el pescado azul, los frutos secos o el aguacate. Las que debemos eliminar son las grasas saturadas o grasas trans, de estos dos tipos cuantas menos mejor.

La sal está considerada como uno de los venenos blancos de la alimentación. Sólo el 20% de la sal que consumimos es añadida, por lo que tenemos que ser conscientes de eliminar en mayor medida el 80% restante que está presente en todos los alimentos envasados que consumimos, otra razón más para prestar especial atención al etiquetado. Las comidas precocinadas y alimentos procesados son los que más cantidad de sal contienen, así que no debemos abusar de ellos, incluso eliminarlos en pro de productos frescos, cocinados en casa y controlando la cantidad de sal que añadimos, evitando así problemas de hipertensión o cardiovasculares. Podemos sustituirla por especias o hierbas aromáticas para aportar sabor sin abusar del sodio. Según la OMS debemos consumir al día un máximo de 5 gramos de sal.

Eliminar las harinas blancas y refinadas es otra asignatura pendiente de la dieta. Debemos apostar por productos integrales y leer en los ingredientes que no estén hechos con harina blanca y después tengan añadidos de fibra, sino que sean de grano completo para aprovechar todas las vitaminas y minerales que se pierden en el proceso de refinamiento. Las harinas integrales nos ayudan a saciarnos mejor y durante más tiempo, aportando al cuerpo la cantidad de fibra que necesita para mejorar nuestro tránsito intestinal, y no perder todas las propiedades buenas que pueden aportarnos. 

Y otro de los grandes enemigos de la dieta que no podemos dejar pasar es el azúcar. Lo ideal sería eliminarla completamente, pues nuestro cuerpo no la necesita, le basta con la glucosa que encontramos en la fruta. El azúcar nos aporta calorías vacías, es decir, nos da energía rápida pero sin ningún nutriente esencial para nuestro organismo, en el proceso de refinado han desaparecido todos. Es difícil erradicar el azúcar del todo, pues gran parte de los alimentos la llevan añadida sin que seamos conscientes, pero debemos reducirla todo lo que nos sea posible y para eso, volvemos a insistir en prestar atención a los etiquetados. Además, es una causa directa en problemas de sobrepeso y obesidad, puede influir en la aparición de diabetes, y provoca desmineralización y pérdida de vitaminas en nuestro cuerpo, ya que necesita minerales y vitaminas para su metabolización. Si vamos a consumir azúcar, lo mejor es sustituirla por azúcar de caña integral o incluso utilizar otros endulzantes naturales como stevia, sirope de ágave o azúcar de abedul. Esta última no provoca caries por lo que tiene un valor añadido muy a tener en cuenta.