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Amigas sin hijos: 5 cosas que envidias de ellas… y las que ellas envidian de ti

Llámalo envidia, llámalo necesidad de hacer un descanso, llámalo nostalgia de aquella época en la que tu prioridad eras tú misma… Dura poco y es puntual, pero está ahí. No se lo dirás a tus amigas sin hijos, pero a lo mejor  sí a las que, como tú, ya tienen bebés o niños más mayores.

1.- Las horas de sueño. Se les nota en la cara. Si tus amigas no duermen varias noches seguidas no es porque atiendan  a un bebé que se despierta llorando cada tres horas. Sus ojearas son diferentes. El insomnio debido al estrés laboral no da envidia a nadie (y puede que tú tampoco te libres de él), pero esas horas de sueño atrasado que tienen su origen en planes con amigos, cenas con concierto o romances incipientes… ¡Ay! 

2.- Su nevera a medio abastecer. ¿Recuerdas cuando no te preocupaba no haber hecho la compra porque llamabas a un chino y ya estaba? ¿Cuándo lo normal era que en tu frigorífico no hubiera yogures? ¿Cuándo la pirámide de la alimentación era una referencia, pero no una cuestión de vida o muerte para ti? Sí, a veces cenabas la misma ensalada tres días seguidos, pero  qué felicidad daba no tener una lista de la compra saludable permanentemente en la cabeza, y qué poca importancia dabas entonces a esa despreocupación.

3.- Las conversaciones sin interrupciones. Aquello de poder hablar de cualquier tema sin tener que parar cada dos minutos para decir “¡Ala, qué bonito!” o “Cura, sana, culito de rana”, o “No, cariño, la arena no se come” o “Perdona, que mi hijo se estás comiendo un tapón” o para coger en brazos a tu niño, todo eso tenía su punto.

4.- Los planes basados en intereses personales. Esos viajes a lugares en los que te exigen un montón de vacunas solo para dejarte salir del aeropuerto, esos restaurantes sin menú infantil, esos proyectos laborales que acometes aunque requieren un montón de horas extra, eso de levantarte un domingo por la mañana y decidir ir a montar en bici sobre la marcha… Eso lo hacen tus amigas sin hijos todo el rato, y tú necesitas hacer unos cuantos ajustes y que tu bebé crezca un poquito para volver a estar ahí.

5.- Su manicura. Y su pedicura. Y su depilación. Puede que también sus mechas y ese corte de pelo impecable. Su último modelito (con las botas a juego). Vale, uno a uno, todos estos detalles no son nada. Todos juntos, en comparación con la dicha de ser madre, tampoco. Pero cuando intentas entrar en tus vaqueros y es imposible, o cuando te miras en el espejo y te asombra el estado de tus propias cejas, ahí sí que sí.

Y algunas cosas que tus amigas envidian de ti

Puede que tus amigas quieran tener hijos pero aún no haya llegado su momento. Es posible también que no quieran ser madres por nada del mundo y ver tu día a día solo haga que confirmen su decisión.  Pero a veces las mamás también damos un poco de envidia.

1.- Ese vínculo. La conexión alucinante entre una madre y su bebé. Ese bebé que deja de llorar, o que se duerme al fin, o que sonríe feliz cuando está con su madre… Eso que es tan bonito desde dentro, también es precioso desde fuera.

2.- La transformación vital. Tus intereses cambian o se amplían. Tus prioridades son otras. De pronto estás aprendiendo un montón de cosas sobre educación infantil o la salud de los niños, o te conviertes en una activista de la conciliación familiar o una abanderada de la lucha contra los colorantes en los alimentos. Ser madre empodera a muchas mujeres de una manera que las amigas de siempre saben que no se había producido nunca antes en nuestras vidas.

3.- Tienes la “excusa” perfecta. No te vas a quedar hasta más tarde porque tienes que atender a tu hijo. No te vas a implicar más en la comunidad de vecinos porque bastante tienes con el AMPA.  No te has depilado porque no tienes tiempo con dos niños pequeños. Y quien quiera verte, que quede en tu barrio, porque no puedes alejarte tanto de casa. Y a las 6 de la tarde.

4.- Todo ese amor. Ver a tu amiga querer tanto y de esa manera tan especial a otro ser humano es un hermosísimo espectáculo.

5.- Todos los juguetes nuevos. Preparar la canastilla y la habitación del peque es genial. Buscar ropa para bebés, también. Rastrear las tiendas de niños online, hacer amistades en los foros de embarazadas o leer a mamás blogueras es  muy divertido. Y a pesar de lo que nos gusta quejarnos a veces, se nota que nos encanta.

 

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