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Alimentación

¿Pensando en un cambio de alimentación? Prueba el equilibrio físico y mental de la dieta macrobiótica

Pero ¿puede la alimentación convertirnos en mejores personas? Según los principios de la macrobiótica. Esto lo consigue convirtiendo los alimentos en aliados de nuestro cuerpo y nuestra mente para hacer que todo funcione mejor. Por si no conocías esta forma de alimentación, te invitamos a que conozcas el equilibrio físico y mental de la dieta macrobiótica.

Orígenes de la dieta macrobiótica

El precursor de la alimentación macrobiótica fue el japonés Sagen Ishizuka. Este hombre se curó de una enfermedad de riñones imposible de curar con la medicina modernay que él consiguió atajar gracias a una alimentación basada en cereales integrales y verduras. Después fundó la primera organización macrobiótica. En ella defendía que todos los problemas de salud y sociales tenían como origen una mala alimentación. Después Oshawa continuó su legado y extendió la macrobiótica por occidente, llegando hasta nuestros días.

¿En qué consiste la dieta macrobiótica?

El alimento es lo que hace funcionar nuestro cuerpo, el que da vida a nuestras células y por lo tanto el que nos prepara para la vida. Partiendo de aquí, gracias a él, nuestro cuerpo funciona correctamente, evitando enfermedades, malas digestiones y malestar general. También nos ayuda a pensar mejor, con más claridad, y nos ayuda a alcanzar nuestras metas. Pero para ello, hay que convertir la alimentación en nuestra aliada, aprovechando lo que nos da la naturaleza en cada estación del año. Según la macrobiótica, nuestro cuerpo está preparado para asimilar los alimentos de cada temporada, sin forzarle a ingerir otros que no le corresponde a la época del año en la que estamos.

¿Qué alimentos consumir en una  dieta macrobiótica?

Si queremos seguir una dieta de este tipo, lo primero que hay que eliminar es todos los alimentos considerados como “venenos” blancos para nuestro cuerpo. Entre estos alimentos estarían el azúcar, las harinas refinadas, la leche de vaca, la sal y todos los productos preparados industrialmente y procesados.

Habría que apostar por verduras y frutas frescas de temporada (a ser posible ecológicas y que no hayan sido tratadas con pesticidas ni otros productos que puedan alterar su aspecto y sabor), cereales integrales (sin refinar en todas sus variantes), leches vegetales y endulzantes naturales con bajo índice glucémico, es decir, que ayuden a nuestro cuerpo a liberar energía lentamente.

La dieta macrobiótica no es una dieta vegetariana. Puede consumirse carne o pescado si así se desea, pero de manera ocasional, buscando las proteínas que nos aportan estos alimentos en los vegetales.

La base de la pirámide la forman los cereales integrales que suponen entre el 40 y el 50% de la alimentación; le siguen las verduras incluyendo las algas, con grandes propiedades para la salud; las legumbres; y algunos condimentos como la cúrcuma, el jengibre o el sésamo, que han demostrado ser anticancerígenas y antioxidantes. Las frutas, semillas y frutos secos también forman parte de esta alimentación, pero no tanto diariamente, sino semanalmente. De forma esporádica el pescado (siempre como primera opción antes de la carne). Cuando vayamos a consumir carne, preferiblemente que esta sea de pollo, pavo o conejo ecológico.

Pasarse a esta dieta requiere tiempo y esfuerzo, pues supone cambiar totalmente nuestros hábitos. Para ello nada mejor que apuntarse a talleres donde explican la manera de cambiar progresivamente nuestros hábitos. Son muchas las famosas de Hollywood que ya se han apuntado a la macrobiótica, y cada vez tiene más auge entre la población que quieren probar el equilibrio físico y mental de la dieta macrobiótica. Una vez que se prueba rara es la ocasión en la que se da marcha atrás.