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Cómo proteger nuestras manos en el cambio de estación

La piel de las manos apenas tiene glándulas sebáceas, por lo que es muy fácil que se deshidrate, debido a lo fina que es la dermis en esta zona. En la palma sí que hay más glándulas sudoríparas y sebáceas, además contiene más fibra y grasa, por lo que en esta zona la piel es más resistente y tiende a secarse menos. Esta es la razón por la que cuando se nos secan o agrietan las manos siempre se hace en la zona del dorso.

Junto con los pies la piel de las manos es mucho más fina, pero la diferencia es que los pies en invierno van tapados y protegidos mientras que las manos están totalmente expuestas a las inclemencias del tiempo, al aire, al agua o a productos químicos. Es por ello que debemos prestarles una especial atención para mantenerlas protegidas y suaves.

A la hora de lavarnos las manos es preferible hacerlo con agua fría, en contra de lo que pueda parecer, ya que si está muy caliente elimina la capa lipídica de la piel. Si podemos evitarlo lavar solo la palma de la mano, dejando el dorso cuanto más seco mejor en estos lavados y utilizar jabones naturales con aceites esenciales, y sin detergentes, para hidratar a la vez que las lavamos. Secarlas siempre con un paño de algodón y nunca al aire, menos aún si es al aire libre e hidratarlas con nuestra crema habitual después.

Existen en el mercado tratamientos que reparan las manos en profundidad en caso de necesitar una hidratación extrema. Estos tratamientos suelen componerse de dos o tres productos que se aplican con un orden, entre ellos un básico para renovar la piel y que la crema hidratante penetre en profundidad, el exfoliante. Es muy interesante utilizarlo de dos a cuatro veces por semana en caso de necesidad para renovar la piel muerta y ganar así en suavidad con la posterior crema o bálsamo.

Protegerlas también es básico para mantenerlas perfectas. Si necesitas tener las manos a remojo durante un tiempo es mejor utilizar siempre guantes, unos de látex finos parecerán una segunda piel en tus manos y no nos restarán movilidad. Cuando salgamos a la calle en caso de frío o demasiado viento, unos guantes nos ayudarán a mantenerlas calientes y protegidas, el aire es uno de los factores climáticos que más las dañan.

A la hora de comprar una crema hidratante, hay algunos componentes que deberíamos tener en cuenta por su alta capacidad regeneradora. La glicerina y la urea son muy hidrantes y humectantes, ayudan a la cicatrización y regeneración de la piel. Aceites como el de coco, argán, rosa mosqueta, jojoba o monoi aportan lípidos a la piel; la manteca de karité es altamente hidratante y nutritiva; y la cera de abejas y la parafina además protegen la piel. También el aloe vera es muy buena opción en su versión pura y concentrada por su poder cicatrizante y calmante que, unida a las vitaminas A, E y B5 potenciamos además el aporte de lípidos. Siempre debemos fijarnos en que sean ingredientes naturales, que no hayan necesitado procesos químicos para su elaboración y que no contengan alcohol ni otros componentes corrosivos.

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