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Tu piel a prueba de heladas

En invierno la protección del cuerpo con la ropa es muy diferente a la del verano. Llevamos prendas largas que nos cubren prácticamente todas las zonas del cuerpo. Es importante elegir tejidos que transpiren, como el algodón, para evitar que se acumule la sudoración en nuestro interior, especialmente si entramos a espacios cerrados con demasiadas “capas”. En estos casos, quitarnos abrigos, bufandas y gorros para que el cuerpo se aclimate al espacio, y no sude demasiado, evitando que nos podamos enfriar al salir a la calle.

Sin embargo, las zonas que sí quedan expuestas al frío sufren muchísimo si no las cuidamos y las hidratamos correctamente como las manos, los labios, los laterales de la nariz o las mejillas. Para el rostro elegir siempre una crema con protección para estos días en los que el sol parece caer a raudales durante el día. No te fíes que es otoño, el sol puede ser igual de dañino para nuestra piel que si estuviéramos en verano. Durante la noche, elige una crema que además de hidratar nutra en profundidad, es durante las horas de sueño cuando la piel se regenera y necesita un extra de nutrición para que por la mañana esté más fresca y radiante.

Los labios tienen una piel muy sensible y son otros de los grandes perjudicados de las bajas temperaturas y del viento. Utiliza labiales hidratantes siempre que salgas a la calle y aplica una capa extra durante la noche, notarás que por las mañanas están perfectamente nutridos. Es importante que este labial sea un básico en tu bolso para aplicarlo siempre que los notes resecos porque si los humedecemos con saliva constantemente no hacemos sino agravar el problema y que se resequen más. Lo mismo ocurre con las manos, la piel es especialmente sensible y llevar una crema encima para aplicarla a menudo evitará que se nos descamen, enrojecen o agrieten. Igual que con los labios, para que esta hidratación nos dure más, aplicar una generosa capa antes de dormir nos garantizará levantarnos con ellas mucho más suaves.

En el hogar también debemos cuidar el ambiente para evitar que se nos reseque la piel. La temperatura ideal oscila entre 21 y 22 grados y, si podemos, con un humidificador o simplemente colocando toallas mojadas en los radiadores notaremos el ambiente menos reseco. La hora del baño es importante tenerla en cuenta, la ducha con el agua demasiado caliente puede remover el manto hidrolipídico y hacer que notemos la piel más tirante, los expertos recomiendan la ducha con agua tibia y un jabón neutro que respete la estructura química de la piel. Después aplicaremos una crema hidrante por todo el cuerpo para mantener la piel nutrida y suave.

Y, si nuestra afición son los deportes de invierno, no olvides que la protección en estos casos es mucho más exhaustiva. Utiliza ropa que transpire para evitar enfriamientos al parar y una alta protección para las zonas de piel que tengamos al aire, especialmente si practicamos deportes de nieve, este manto blanco es el que más refleja el sol en nuestra piel y por lo tanto el que más nos quema.

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