Cuando nuestro bebé llora, las madres respondemos igual en todas las culturas

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Cualquier madre, al oír el llanto de su bebé, corre a cogerlo en brazos y hablarle para que se tranquilice. Y esta escena se repite en lugares tan dispares como Estados Unidos, Kenia, Bélgica o Corea del Sur. ¿Por qué?

Es decir, nuestras reacciones ante las necesidades de los bebés, ¿son culturales o biológicas? Es lo que pretendía averiguar el equipo liderado por el investigador Marc Bornstein al estudiar la respuesta de 684 madres procedentes de 11 países distintos ante sus pequeños. Los resultados de su trabajo han sido publicados en la revista PNAS.

Y los investigadores han descubierto dos cosas: en primer lugar, que la reacción de coger al bebé  en brazos y hablarle para consolarlo es universal y más habitual que otros comportamientos como alimentarlo o hacerle cucamonas en la cunita, y la segunda, que el llanto del pequeño activa en sus madres ciertas áreas cerebrales independientemente de la cultura en la que estén inmersos.

Y es que el llanto del bebé desata en su madre la liberación de oxitocina (la “hormona del amor”, la misma que desencadena el parto) y noradrenalina, entre otros neurotransmisores, e inhibe la producción de opioides internos. Toda una reacción química que provoca una potente respuesta emocional y de conducta.

Para asegurarse de que esta reacción se da en cualquier entorno, los científicos reclutaron a madres primerizas con bebés de cinco meses y medio en tres países americanos (Estados Unidos, Argentina y Brasil), tres europeos (Bélgica, Italia y Francia), tres asiáticos (Israel, Corea del Sur y Japón) y dos africanos (Kenia y Camerún) y las grabaron en la intimidad de sus casas para registrar sus reacciones.

Como obtuvieron resultados similares en todos estos lugares, decidieron la actividad cerebral de un centenar de madres primerizas de China, Italia y Estados Unidos en diferentes situaciones (ante el llanto de su bebé, con otros ruidos infantiles y con ruido blanco) para comprobar si sus conductas respondían a respuestas cerebrales similares. Y… ¡Voilà!

Detectaron que el llanto del bebé activa el cerebro medio y el cuerpo estriado de este órgano, relacionados con el cuidado maternal, y zonas cerebrales asociadas con el movimiento, el habla y el procesamiento de los sonidos.

Los bebés humanos son unas crías terriblemente indefensas: necesitan de sus padres para sobrevivir durante mucho más tiempo que cualquier otro ser vivo. Una respuesta materna adecuada es fundamental para su supervivencia y, al parecer, la naturaleza se encarga de asegurársela.  

 

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