Un bebé prematuro que pesó 700 gramos recibe el alta sin secuelas

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Un bebé prematuro en incubadora

Hace unos días, Sara, el bebé que nació en el malagueño Hospital El Ángel cuando le faltaban 15 semanas de gestación fue dada de alta tras comprobar que estaba totalmente sana y no tendría secuelas. Un pequeño milagro a ojos de todos cuantos la rodeaban, en el que la ciencia y la naturaleza se han unido para sacar adelante un bebé que, aunque solo pesaba 700 gramos, demostró desde el principio sus enormes ganas de vivir.

Sara llegó al mundo con prisa, mucho antes de lo que sus padres esperaban. Su madre aún estaba en la semana 24 de embarazo cuando los médicos del centro de Algeciras al que acudieron –la pareja reside en la Línea de la Concepción– recomendaron que se desplazara a Málaga porque detectaron un riesgo inminente de parto prematuro con posibilidad de aborto. La razón del traslado a otra provincia es que El Ángel cuenta con una UCI neonatal, imprescindible para poder atender este tipo de casos. El objetivo, una vez que Sara nació, era fomentar el crecimiento y el desarrollo madurativo de los órganos fuera del útero materno. Y todo fue incluso mejor de lo que esperaban: le administraron en primer lugar surfactantes para acelerar el desarrollo de sus pulmones y durante las primeras tres semanas, el bebé respiró conectada a una máquina. Sara respondió bien y, tras salir del estado de cuidados intensivos, pasó a una incubadora para continuar con su desarrollo cerebral, del corazón y ocular. “Su caso es todo un éxito ya que no padece secuelas”, dice el Hospital El Ángel en la nota que han difundido.

Leche materna

Aunque las ganas de vivir de Sara y el equipo sanitario que la ha atendido han hecho gran parte del trabajo, según los especialistas ha habido un factor determinante en su buen desarrollo, y es el hecho de haber sido alimentada únicamente con leche materna desde la unidad de apoyo a la lactancia materna, dirigida por el consultor internacional de lactancia Fernández Lorenzo.

Creen que es una de las razones de su supervivencia. A pesar de que la Sociedad Española de Neonatología (Seneo) establece el límite de la viabilidad en la semana 25, o de que cuando se nace entre las semanas 23 y 24 la mortalidad es de más del 90% y los prematuros que sobreviven suelen vivir con secuelas importantes, Sara nació sin malformaciones ni alteraciones graves que le permitieron luchar por su vida en mejores condiciones.

Según el neonatólogo de El Ángel Emilio Pérez Bonilla, en este tipo de casos es importante afrontar los retos tras haber valorado correctamente la situación junto a los ginecólogos y haber tenido una entrevista con los padres. “Si un bebé nace en la semana 25 sin malformaciones y con una buena vitalidad, hay que darle una oportunidad en la unidad de cuidados intensivos para que éste salga adelante”, dijo Pérez Bonilla.

Tras 90 días en la unidad de neonatología, la pequeña Sara recibió hace unos días el alta. Ahora ya pesa el triple: 2,200 kilos. Y descansa junto a sus padres en casa.

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