Un restaurante vegano prohíbe dar el biberón en su local… y se lía

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Las normas anti lactancia artificial de un restaurante vegano de Tarragona han generado tal polémica que el establecimiento se ha visto obligado a cerrar sus perfiles en redes sociales.

El local en cuestión es El Vergel, un restaurante vegano de Tarragona que publicó en su perfil de Instagram el siguiente mensaje: “Todos son bienvenidos. Nos gustan las madres, las de todas las especies. Por eso no nos gustan los biberones con leche de vaca. Por favor, no se los des en el restaurante”.

Una petición que sorprende precisamente porque se aleja de lo que suelen encontrarse las madres. Las invitaciones a las mujeres que dan el pecho a sus hijos en lugares públicos para que se retiren de la vista de los demás son mucho más frecuentes. Es decir, lo habitual, si hablamos de prohibiciones y lactancia, es que se increpe a las madres por amamantar a sus bebés, no por darles el biberón.

Pero en El Vergel lo tienen muy claro y ya en la puerta del local un cartel avisa de que no admiten biberones.

“Madre humillada”

La gota que ha colmado el vaso de esta controversia es la protesta de una clienta en el portal Trip Advisor. La tituló “Madre humillada”, y en ella cuenta lo mal que se sintió cuando la invitaron a abandonar el local vegano por estar dando un biberón a su hijo de cuatro meses. Ni el post de la madre ni la respuesta del restaurante tienen desperdicio:

“Estuvimos celebrando un cumpleaños con amigos, a mi bebé de 4 meses le tocaba comer y le di el biberón –explica esta mamá–. Poco después de empezarlo, el camarero me puso un papel al lado de mi plato y se fue. El papel ponía que no se puede entrar con comida de origen animal y si se trata de biberón, pues tampoco. Alucinante. No sabía qué hacer, fue una situación totalmente inesperada, humillante y sin poder defenderme. Avisarme con un papel… El camarero no sabía qué tipo de leche le estoy dando a mi bebé, podría haber sido leche materna, o de origen vegetal pero es igual, creo que es muy muy personal, incluso diría íntimo […]”.

El propietario del restaurante no tardó en responder, y se mantuvo firme en su decisión: “Siento mucho que se haya sentido humillada. Tiene razón en quejarse y en sentirse mal. Puede que la forma no fuera la más adecuada. Para nosotros tampoco es fácil afrontar estas situaciones. Intentamos que la gente que viene con niños reciba esta información antes de entrar al restaurante, tanto con el aviso que hay en la puerta de entrada como verbalmente al hacer una reserva, con el fin de minimizar estos conflictos  […]. Lamentablemente durante el tiempo que lleva abierto el restaurante hemos tenido que presenciar el suministro de potitos con ingredientes de origen animal tanto de manera directa como a escondidas por parte de algunos padres, motivo por el que hemos decidido que no se consuma ningún tipo de comida del exterior”.

El propietario recuerda que el restaurante ofrece alternativas vegetales para los niños y continúa: “Si alguien cree que dar un alimento a su hijo diferente al que toma normalmente supondrá un grave perjuicio para él, tiene dos opciones: alimentarle en otro horario, fuera del restaurante, o ir a otro establecimiento con otras normas”.

Leche arrebatada

El dueño de El Vergel remata: “Desconozco si el biberón contenía leche de vaca o la suya propia, pero supongo que si se sintió atacada fue precisamente porque era de origen animal no humano. Sin embargo, las madres verdaderamente humilladas son aquellas violadas durante toda su vida para tener bebés que son robados y descuartizados para que los humanos les arrebatemos la leche que era para ellos: estas madres son las vacas, ovejas y cabras víctimas del biberón de su hijo”. Una respuesta perfectamente coherente con los principios del veganismo, que rechaza la utilización y consumo de todos los productos y servicios de origen animal.

Esa conversación que ahora hace tanto ruido es de hace un año. En estos días, otra madre ha contado en el mismo foro que también tuvo que irse a la calle a terminar de dar el biberón a su hija y se queja: “Señores. Ese no es el camino. Así no me extraña que nos odien, así no me extraña que nos vean como una secta y no estoy de acuerdo con esa imagen que dan del veganismo.  ¿Tampoco puede entrar un perro no vegano?”.

 

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