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Juguetes caseros bebé

6 juguetes caseros que fascinan a tu bebé

Los niños no necesitan juguetes muy sofisticados, sino materiales adaptados a su edad y su momento evolutivo. En casa tenemos muchos objetos que esconden fascinantes posibilidades de juego y descubrimiento para los bebés en cuanto son capaces de desplazarse solitos.

Al fin y al cabo, todo lo que rodea al bebé es susceptible de convertirse en una fuente de estímulos. Y no nos olvidemos de que los mejores juguetes para un bebé son, siempre, papá y mamá. ¡Lo importante es que tú juegues con él!

¿Qué juguetes caseros tenemos  alrededor para jugar nuestro peque? Aquí van seis que suelen triunfar, seguro que en tu casa puedes localizar más:

  • 1.- Los pañuelos. Los pañuelos sirven para esconder objetos (¿A dónde se ha ido el osito?), y cuando los retiras… ¡vuelven a aparecer! Es mágico. Con pañuelos podemos jugar al cucu-tras mil veces  y con todas las variaciones imaginables. Al principio, seremos nosotros quienes tapemos un objeto que le guste al bebé y lo destapemos de pronto para verlo aparecer. Luego serán los niños quienes imiten el juego para que nosotros mostremos nuestra sorpresa. El pañuelo también sirve para escondernos o para que se escondan ellos.
  • 2.- Las texturas. No tiene el mismo tacto una toalla que el gorro de lana de papá. Ni la esponja del baño que el cartón de la huevera. ¿Y qué me dices del tacto frío y duro de esa cadena de la bici? Los bebés necesitan tocar y chupar las cosas para reconocerlas y hacerse con ellas. Muchas veces nos empeñamos en que se entretengan con un juguete convencional pero ellos se lanzan de cabeza a los objetos cotidianos, a lo que nos ven usar cada día. Una buena idea es reunir en una caja esos pequeños elementos  y trozos de tela –asegurándonos de que sean seguros, porque se los va a llevar a la boca y no pueden ser largos para que no se enganchen en el cuello o la muñeca- y hacer una “caja sensorial” o un “cofre de los tesoros” para el peque.
  • El agua. Es un juguete increíble. Para darse un baño, para llenar cacharros y pasar líquido de un recipiente a otro, para salpicar a mamá mientras ella hace muchos aspavientos, para mojar el suelo de la terraza, para aprender a regar las plantas, para mezclarla con harina y ver qué pasa… Si añades colorantes alimentarios al agua el resultado es espectacular.
  • Botellas de plástico. Las botellas de plástico pequeñas pueden convertirse en improvisados sonajeros con facilidad. Solo hay que secarlas muy bien y meter dentro garbanzos, lentejas o incluso pinzas de tender la ropa. Lo importante es asegurar muy bien el cierre, con cinta adhesiva, para que el niño no pueda abrirlas.
  • Cartón y papel. Las cajas de los cereales o las legumbres, los sobres abiertos… Tenemos mucho papel que podemos reciclar para jugar. Rasgar, doblar y estrujar papel son ejercicios estupendos para el desarrollo de la motricidad fina en los niños más pequeños. También pueden pintar con pintura de dedos, recogerlos, cambiarlos de sitio, apilar montoncitos aquí y allá… A medida que vayan creciendo iremos desarrollando otras manualidades que favorezcan otros aprendizajes.
  • Los escondites. A medida que los niños van creciendo, disfrutan un montón escondiéndose. En todas las casas hay un rincón en el que nos podemos ocultar: detrás de la cortina, debajo de la cama, junto al sofá… Es uno de los juegos más divertidos que existen, y solo hace falta ganas de jugar y contar hasta diez con los ojos cerrados (no vale hacer trampa).