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8 verdades sobre el primer año del bebé

Es frecuente idealizar la maternidad durante el embarazo. Nos vemos siguiendo los consejos de vecinas, amigas, familiares y expertos y acabamos haciéndonos a la idea de que todo va a ir sobre ruedas. El problema es que la realidad seguramente nos llevará la contraria porque lo cierto es que ser mamá no es sencillo. Por supuesto que disfrutaremos de ello, pero no hay nada de malo en saber que no todo será de color de rosa. No se trata de ser pesimistas sino de ser conscientes de algunas verdades que de todas formas las madres descubren por si mismas durante el primer año del bebé.

  • Serás una madre imperfecta, pero genial. La perfección en la maternidad no existe, y aunque hayas leído que si te esfuerzas lo conseguirás lo cierto es que esa posibilidad no es real. De vez en cuando te equivocarás, perderás aunque sea un poquito los nervios, te saltarás el baño alguna noche porque estás rendida, un día se te olvidará su peluche favorito en casa de la abuela… Y no pasará nada. Porque en realidad ser perfecta no es lo importante, y tu bebé lo sabe mucho mejor que tú. Reírte con él a carcajadas cuando se mira en el espejo, cantarle para que se duerma, disfrutar bañándolo… Eso es lo que te hace ser una madre genial, y por eso despistes como olvidarse en casa una muda o perder su chupete cada dos por tres son más que perdonables .
  • Tu hijo es único, en todos los sentidos. Una de las cosas que más desconcierta a las mamás recién estrenadas es comprobar que su hijo no sigue las reglas que en teoría rigen el mundo de los bebés. Porque, según les habían contado, “todos” los niños hacen las mismas cosas a la misma edad: levantar la cabeza, gatear, decir su primera palabra… Al igual que “todos” los niños duermen determinadas horas, comen determinada cantidad, sonríen ante determinada actividad… Comprobrarás que su comportamiento no es una ciencia exacta que se pueda predecir al 100% porque cada bebé es literalmente único .y al mismo tiempo tan especial como todos los demás.
  • La obsesión con sus deposiciones. Te lo habían advertido, y pensabas que no ibas a caer. Pero es imposible no hacerlo. Hablar de sus deposiciones, olerlas, detenerse en ellas para ver si el color ha cambiado o la textura es diferente es algo por lo que absolutamente todas las madres pasan. Mientras el bebé no hable, es una forma de comprobar que él está bien, que su cuerpo funciona correctamente. Por eso es tan fácil obsesionarse con lo que hay dentro de su pañal.
  • Hay tiempo para… poco. Casi todo el mundo piensa que las madres son unas exageradas cuando hablan de que apenas tienen tiempo para hacer nada cuando se ocupan solo ellas del bebé. ¿Que no da tiempo prácticamente ni a ducharse? Pues sí, es muy posible que te ocurra. Los bebés requieren mucha atención, tanta que parece que todo lo demás puede esperar, incluso tus propias necesidades. Organizarse no es nada fácil, y a no ser que aproveches sus siestas para hacer algo diferente a cuidarlo es muy posible que no te dé tiempo a nada. Claro que cuando él o ella duerma seguramente aprovecharás para dormir un poco tú también. Definitivamente sí, al día le faltan horas.
  • La vida es un pequeño caos. ¿Dónde está la toalla que acabas de doblar y poner encima de la cama? ¿Y el bolso que dejaste sobre el sofá? Ahora que el bebé ha empezado a gatear y a coger todo lo que encuentra a su paso, el orden no será una de las cualidades de tu casa. Tampoco será fácil llegar puntual a los sitios: puede que tú te arregles en dos minutos, pero él o ella tiene su ritmo, y contra eso no hay nada que hacer. Acabarás acostumbrándote a ser flexible con todo, aunque al principio te cueste.
  • Él o ella también tiene sus días. Es posible que no te enamores inmediatamente de tu bebé, y no pasa absolutamente nada. Hay quien siente un flechazo en cuanto ve a su recién nacido, pero también hay muchas mamás que necesitan un tiempo para conocer al nuevo miembro de la familia. Y una vez que lo conozcan, será el niño más bonito y simpático del mundo, pero eso no quiere decir que no tenga sus días. Como todos, también él o ella se levantará con el pie izquierdo de vez en cuando, y no siempre sonreirá cuando queramos que lo haga. Y eso estará bien: el bebé ya tiene personalidad.
  • Puedes hacerlo todo sola, pero es mucho mejor con ayuda.  Ser una mujer autosuficiente no está reñido con pedir ayuda. Claro que serás capaz de hacerlo todo tú sola, pero no hay ninguna  necesidad de agotarse hasta la extenuación. Lo comprobarás durante los primeros meses de vida del bebé, cuando dejes a tu hijo con un familiar, disfrutes de media hora a solas contigo misma y te des cuenta de cuánto necesitamos seguir teniendo nuestros espacios. Ser madre es cansado, también cuando compartes el cuidado del bebé al 50% con tu pareja, y por eso cualquier ayuda es bienvenida.
  • Altibajos. Habrá días en que te sientas la mujer más feliz de la Tierra, y otros en los que todo se hará un poco cuesta arriba. ¿Efecto de las hormonas? Puede ser, pero es probable que te sintieras así de todas formas. Al fin y al cabo inicias una nueva etapa donde todo es desconocido, y por mucho que la hubieras deseado, lo nuevo es emocionante y al mismo tiempo inquietante. Los altibajos son frecuentes sobre todo durante los primeros meses aunque no muchas mamás hablen de ello. ¿La buena noticia? Que los buenos momentos serán muchos más que los malos.

 

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