Aprender a andar: el paso a paso de su aprendizaje

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Una de las grandes conquistas del niño es aprender a caminar. Pasito a pasito, primero con andares titubeantes y después ya caminando con seguridad, pasará por todo un proceso de aprendizaje que le dará una gran autonomía. 

Y como en todo lo que aprende, cada paso tendrá lugar cuando su cuerpo esté preparado para ello. Él necesitará que papá y mamá estén ahí, prevenidos por si hay que calmar con un beso alguna que otra caída. Pero por lo demás, será nuestro pequeño y recién estrenado gran atleta quien marque la pauta.

Los tiempos del niño

Aunque cada niño sigue su propia cronología en el arte de caminar, lo habitual es que primero logren sentarse solos, manteniendo la espalda erguida sin problemas; después gateen –especialmente si se les anima a ello poniéndolos en el suelo con frecuencia, una buena idea para el desarrollo de su coordinación al tiempo que fortalece sus músculos de piernas, brazos y espalda-; y por último, su gran conquista: dar los primeros pasos.

¿Cuándo ocurre todo eso? Pues, aunque como decíamos cada niño tiene su ritmo, habitualmente pueden sentarse y matener la postura entre los 6 y los 8 meses, mientras que el gateo llega entre los 8 y los 10 meses. Sin embargo, a la hora de caminar la horquilla que los especialistas consideran normal es mucho más amplia: entre los 9 y los 18 meses, o incluso un poco más tarde.

Paso a paso

Aunque viendo sus primeros andares titubeantes parezca increíble, lo cierto es que éstos indican que ya se está forjando todo un atleta. A partir de ese momento, el niño conquistará una gran cantidad de destrezas y habilidades casi a diario. Por ejemplo, si ya ha descubierto que se puede desplazar hacia adelante, ¿por qué no intentarlo hacia arriba? Así, poco a poco empezará no sólo a caminar, sino también a trepar, subiendo a todo lo que se le ocurra: el sofá, una silla, la cama del hermano mayor... Una vez que controle el equilibrio y ande sin tambalearse, también podría empezar a correr. El único requisito es que tenga la fuerza suficiente para impulsarse hacia arriba y hacia delante con una pierna y la destreza para coordinar los movimientos, lo que suele ocurrir hacia su segundo cumpleaños.

Aunque irá descubriendo todas estas nuevas destrezas sin ayuda, también podemos echarle una mano sin agobiarle. Si queremos ayudarle a ejercitar su cuerpo, hay una fórmula infalible: los juegos. Practicar con él los andares del cangrejo –caminar hacia atrás-, le ayudará a mejorar su orientación espacial, mientras que el juego del laberinto –trazar un camino estrecho, con curvas y líneas rectas intercaladas- contribuye a reforzar su sentido del equilibrio. Cualquier juego en el que el niño tenga que poner en práctica distintos movimientos será, además de divertido, un tiempo que el pequeño disfrutará junto a papá o mamá. 

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