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Crisis de lactancia de los tres meses: la más complicada

Las crisis de crecimiento

El crecimiento del bebé no es lineal. Atraviesa momentos en los que necesita un aumento de la producción de leche materna. Esto se manifiesta en comportamientos como que quiera estar prácticamente todo el día mamando (durante unos cuantos días) o que parezca que se “pelee” con el pecho (se enfada, pega tirones, se engancha y se desengancha muchas veces…), parece como que no pudiera hacer ni una toma tranquilo. A los pocos días, la producción se regula y el bebé vuelve a mamar como antes, pero es importante conocer cuándo y cómo se producen estas crisis para estar prevenidas, ya que muchas mamás piensan que ya no tienen leche y esto puede llevar a la suplementación con fórmula y al abandono prematuro de la lactancia.

 

La crisis de los tres meses

Se ha estudiado que estos brotes de crecimiento suelen afectar a los bebés aproximadamente a la misma edad: a los 20 días, a las 6 semanas, a los tres meses, al año y a los dos años de lactancia. De estas crisis, la más peliaguda es la de los tres meses por varios motivos:

  • La madre no nota el pecho duro: A los tres meses, de forma natural, digamos que el pecho deja de ser un almacén para convertirse en una fábrica. Los pechos no almacenan la leche, sino que se “fabrica” en el momento en el que el bebé empieza a succionar, por lo que muchas madres asocian este cambio a una falta en el suministro.
  • Los bebés “se pelean” con la teta: Entre que el bebé empieza a succionar y a leche empieza a fluir pueden pasar alrededor de dos minutos. Hasta ese momento la leche empezaba a salir en cuanto poníamos al peque al pecho y muchos no toleran este cambio y manifiestan irritación.
  • Mama muy rápido y se distrae con una mosca: A los tres meses los bebés son expertos succionadores, capaces de extraer en solo unos minutos lo que antes tardaban una hora en sacar. Como se sueltan tan rápido, a la madre le da la impresión de que no ha comido suficiente. Además, esta etapa coincide con una explosión en el desarrollo de los sentidos. Los sonidos, las luces… todo es fuente de distracción durante las tomas, lo que puede hacer bastante caótico el momento de alimentarle.

 

¿Qué hacer?

La pregunta correcta sería ¿qué no hacer? Pues no hay que recurrir a biberones “de refuerzo”. Así solo conseguiremos que el pecho produzca menos leche y no será capaz de cubrir los requerimientos nutricionales del peque, con lo cual al final puede producirse un abandono progresivo de la lactancia materna a favor de la fórmula. Echarle paciencia, encerrarnos en casa unos días con el bebé y ofrecerle pecho a demanda es la mejor manera de atravesar estas crisis de lactancia exitosamente.