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¿Desde cuándo puede ir el bebé a la piscina?

En matronatación, los bebés consiguen familiarizarse poco a poco con el agua y su entorno. No se trata de que aprendan a nadar sino que es un modo más de apoyarles en su desarrollo psicomotor. Una vez superado el miedo al agua, lo siguiente es disfrutar con papá o mamá.

Aunque la actividad acuática es saludable desde las primeras semanas de vida, no es necesario trasladar al bebé a una piscina, porque hasta esa edad el trabajo que se puede realizar tiene la misma cabida en la bañera de casa. Y, si se hacen en el propio hogar, no se trastocan las horas de sueño ni las tomas, muy frecuentes durante los primeros meses de vida.

¿Vale cualquier piscina?

Este tipo de actividad controlada por un monitor se realiza en piscinas cubiertas, climatizadas, a una temperatura del agua que oscila entre los 28 y los 32º C, según la Comunidad Autónoma (para que el bebé sienta confort lo mejor es que esté en torno a los 30º C). El cloro no debe estar muy alto y el ph dentro de los límites normales (las mismas condiciones que para los adultos). Es conveniente meter al chiquitín poco a poco en el agua y que no permanezca mucho tiempo “a remojo”.

¿Puede dañarles el cloro?

Igual que a los adultos. Si los niveles están muy altos puede afectar a los ojos y a la piel. Pero si son correctos, servirán para evitar que la piscina se convierta en un foco de infecciones. Existen modernos sistemas de depuración que evitan cualquier tipo de problemas.

¿Con qué frecuencia puede ir?

Suele recomendarse dos veces por semana, para no saturar al bebé, y no más de 30-40 minutos, porque es una actividad que les cansa. Pero dependerá de la disponibilidad de los papás: ¿por qué no reservarse una hora a diario para deleitarse con las risas de tu bebé?

¿Necesitan un equipamiento especial?

Los bebés pueden llevar una braguita-pañal especial para el agua (aunque no es imprescindible). En las piscinas públicas exigen que tanto los bebés como sus papás lleven gorro (aunque los peques se lo quitan constantemente porque les resulta incómodo), pero en las privadas no siempre es necesario. Eso sí: ¡imprescindible que los padres lleven gafas de bucear para poder disfrutar de la imagen de su bebé dentro del agua!

¿Y si el bebé tiene miedo al agua?

Es algo normal que el bebé llore el primer día de clase, sobre todo si ya está cerca o supera el primer año de vida, pues es más consciente de lo que ocurre a su alrededor. Hay que intentar calmarlos y dejar que sean ellos quienes guíen a profesor y a los padres sobre qué hacer para que se sientan mejor: realizando un determinado ejercicio, jugando con un material en concreto…

Pero no hay que abandonar la actividad porque el bebé demuestre su malestar (sobre todo antes de aclimatarse al agua) pero también es cierto que no se puede ignorar del todo el llanto del pequeño.

Y al salir de la piscina… ¿qué hay que hacer?

Es recomendable darle una ducha con o sin jabón y envolverle bien con una toalla o albornoz, para que no pierda su temperatura corporal. E igual que cuando se baña al bebé en casa, la mamá puede aprovechar para darle un masaje con crema o aceite hidratante y, si se puede, se le puede dar su toma de leche, ¡es difícil que llegue despierto a casa!