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“Diccionario” para entender al niño de dos años

Por eso, aunque comiencen a hacerse a entender hacia los dos años, aún necesitaremos durante un tiempo nuestro particular diccionario para comprenderlo. Sobre todo porque tendrá reacciones que nos resultarán dificíciles de entender, y al no poder expresarse todavía con soltura no podremos preguntarle por qué actúa como lo hace. Estos son algunos de los comportamientos más habituales que hemos traducido al lenguaje de los adultos.

 

– La callada por respuesta. Hay niños muy precoces con el lenguaje que a los dos años ya hablan por los codos, pero incluso aunque sean unos parlanchines a esta edad, si les preguntamos algo es muy posible que su respuesta sea el silencio. A no ser que acotemos las posibles respuestas con preguntas ante las que sólo quepan contestaciones monosilábicas o de una sola palabra como “mucho” o “poco”, nos será complicado arrancarles una respuesta. La razón es que todavía no tiene capacidad para contestar preguntas muy amplias porque la síntesis aún no está entre sus destrezas, y al no saber por dónde empezar o qué priorizar, opta por callarse. Por eso preguntas como “¿qué tal el día en la guarde?” son todo un reto para ellos. Sin embargo, si le preguntamos: “¿Ha estado bien el día en la guarde?”, podremos entablar una conversación con él.

 

– “¡Hazme caso!”. ¿Lleva alrededor de 5 minutos pidiéndote su peluche y cuando se lo has dado no le ha hecho ni caso? Seguramente era su forma de decirte que le prestaras atención. Ocurre con frecuencia cuando estamos al teléfono o hablando con una amiga que nos hemos encontrado en la calle porque cree que tu atención ya no está fijada en él, y eso no gusta nada a un niño de dos años.

 

– Su reacción ante los regalos. Es posible que lleve varias semanas señalando algo cada vez que pasáis al lado de la juguetería del barrio, pero si algún día apareces en casa con ese juego que no dejaba de pedirte, no hay que tomarse a mal si no da saltos de alegría ni te abraza ni da muestras de la menor emoción positiva. No es que esté descontento, es que aún no conoce bien todos los sentimientos y está desconcertado por uno nuevo: el de agradecimiento. Además, todavía no tiene la capacidad empática para ponerse en el lugar del otro, por lo que aún no entiende que debe mostrarse contento cuando una persona le trae con ilusión algo para él.

 

– La muletilla del “¿qué?”. En esta etapa de desarrollo es muy común que aunque el niño ya sepa hablar, responda con un “¿qué?” a cualquier frase que le digan. Y no es que tenga problemas de audición o quiera poner de los nervios a papá o mamá, simplemente está pidiendo tiempo muerto. Su atención todavía no está desarrollada al 100% y le es fácil distraerse con cualquier cosa mientras le hablan. El continuo “¿qué?” es una forma de ganar tiempo para procesar lo que le han dicho. La única opción en estos casos es llamar su atención antes de hablarle y, al hacerlo, hablarle despacio. Entonces el pequeño no tendrá necesidad de pedir ese tiempo muerto.

 

– La timidez. Aunque hasta ahora no lo hacía, es posible que desde hace unas semanas se esconda tras las faldas de mamá o el pantalón de papá cuando hay un desconocido. Su reacción es normal: empieza a sentir timidez, un sentimiento que en muchos niños no aparece hasta esta edad. Para evitar que se sientan incómodos ante personas que no conocen lo mejor es no forzarle a mostrar conductas que no desea. Lo habitual es que en unos minutos se le pase.

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