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educacion consciente y respetuosa

Educación respetuosa y consciente

 

Artículo escrito por: Carla Ollé, maestra de educación infantil

 

Seguramente, al encontrarte con tu pequeñín o pequeñina en el centro de tu nueva vida como mamá o papá, te debes haber preguntado varias veces sobre qué tipo de educación quieres ofrecerle a lo largo de su desarrollo. Debes haber visualizado situaciones del futuro como, por ejemplo, cómo querrías que fuera vuestra relación, qué cosas le gustarán, qué juegos o actividades vais a compartir, qué hábitos o tradiciones familiares vais a tener, y un largo etcétera. Estoy segura, además, de que el hilo conductor de todo lo que te puedas imaginar es el mismo: deseas que tu hija o hijo crezca feliz y se sienta querida/o. Cómo no vas a pretender eso, ¿verdad? Así que, desde aquí, desde esta emoción en la barriga al ver el increíble proyecto que tienes entre manos, me gustaría hablarte de la educación consciente y respetuosa.

 

La importancia de los primeros aprendizajes del niño

Piensa en tu bebé o en tu pequeña o pequeño, si ya es un poco mayor. Imagínatelo/a en su espontaneidad, en su expresión más pura, en su indudable inocencia. Piensa también en el poquito tiempo que lleva aquí, en el mundo, y en todo lo que ha tenido que ir aprendiendo en tan corto espacio, y lo mucho que todavía le queda. Tiene que ir conociéndose a sí misma/o, y también a todo lo que hay a su alrededor, personas y cosas. Este es un gran trabajo para tu hijo o hija, que está en pleno desarrollo, y estos primeros aprendizajes, en estos primeros años de vida, serán la base de todo lo que vendrá más adelante. Además, es importante tener en cuenta que, durante mucho tiempo, un niño o niña depende de las personas que lo cuidan y, de entre ellas, en especial de sus figuras de referencia (mamá, papá, tutores legales…). Así que, por supuesto, tu papel en esta etapa es fundamental.

 

Qué es la educación respetuosa

Entendemos por educación respetuosa aquella que pretende poner el foco de atención en la persona que ya es tu pequeña o pequeño, buscando entender y conocer muy bien los procesos de desarrollo que se dan en la primera infancia, para poder ofrecerle la respuesta más adecuada en cada momento. Lejos de dejar hacer a la niña o al niño lo que quiera, la educación respetuosa requiere mucha implicación por parte del adulto, que es quien debe responsabilizarse de tomar las decisiones que le pertenecen, entendiendo que tiene delante a un infante que le necesita para ir acompañándole con amor, paciencia, comprensión y conciencia.

Así pues, la educación respetuosa pasa por entender a tu bebé, saber qué necesita en cada momento, ponerte en su lugar, darle su espacio y su tiempo, dejarle descubrir, ofrecerle autonomía y seguridad, llenarle de afecto, plantearte cómo le hablas, qué materiales le ofreces, permitirle expresarse, etc. Pero a eso es necesario añadirle la conciencia, es decir, no olvidar en ningún momento que tú eres la persona adulta y, por lo tanto, quien le guía y le acompaña. Deberás decidir sobre muchas cosas, tendrás que poner límites, decir que no y sostener la frustración de tu hija o hijo en muchas ocasiones, te tendrás que valer de tu criterio y sentido común sin dejar que sea él/ella quién decida según qué cosas, y tanto más.

 

¿Cuál es la función de la educación consciente y respetuosa?

Pero la educación consciente y respetuosa pretende simplificar muchísimo el día a día y facilitar la creación de un vínculo de apego seguro, en el que el bebé crezca confiando en sí mismo/a y en los demás. Poniéndole en el centro y respondiendo a sus necesidades evitarás muchísimos conflictos y verás que va aprendiendo a autogestionarse de una forma increíble. Me gustaría ejemplificarlo con algunas situaciones:

  • Confía en tu bebé. Mírale, ¿te das cuenta de todo lo que ha vivido hasta llegar aquí? ¿Cómo quieres que sea su experiencia ahora que está a tu lado? ¿Te gustaría que crezca confiando en sí mismo/a? Entonces piensa en que hay muchísimas cosas para las que está preparado/a para aprender autónomamente. Por ejemplo, durante el primer año de vida, todo lo que se refiere al desarrollo motriz. Dale espacio, tiempo, déjale intentar y dosifica tu ayuda sólo para cuando sea necesaria. Esto le hará sentir interés, gozo, plenitud, satisfacción… y no te reclamará tanto como lo haría si estuviera acostumbrada/o a que le resuelvan todas las situaciones.

 

  • Explícale todo lo que vas a hacer. Lo expongo con un ejemplo que es más importante de lo que parece: imagina que tu bebé tiene mucosidad. Lo que se hace generalmente es coger un pañuelo y limpiarle, ¿verdad? Y muchas veces es por sorpresa, mientras está jugando o entretenido/a con otras cosas. Su sensación no suele ser muy buena así que, a la larga, cuando ven el pañuelo se esconden o se resisten. Prueba a avisarle antes de hacerlo, explícaselo. “Tienes mocos, te los voy a limpiar para que estés mejor”. Dale unos segundos y hazlo. En este caso, a la larga, muy probablemente te ofrezca su cara cuando se lo digas. Haz lo mismo cuando le vayas a coger, le vistas, le cambies el pañal, le pongas el calcetín que se le ha caído…

 

  • Háblale claro, sencillo y tranquilamente. Ten muy presente una cosa: cuanto más importante es lo que le tienes que decir, más lento y flojo lo deberías hacer. Acércate, ponte a su altura y dile: “sé que te encanta pintar, pero no puedo dejarte hacerlo en la pared. Puedes pintar las hojas de papel/pizarra/suelo del balcón…”. Por eso es importante que, si ha pasado algo que te ha alterado, te tomes tus segundos antes de reaccionar. Hacerlo te ayudará a actuar con más calma y eso le ayudará a él/ella a comprender e integrar mucho mejor los mensajes y actuar mejor las siguientes veces.

 

  • El amor hacia tu hija/o es incondicional, por lo tanto, jamás se lo niegues. Háblale sobre sus actos, no sobre su persona. Es decir: “has molestado a tu hermano/a, eso no le ha gustado”, y nunca “eres un niño/a malo, siempre molestando”. De nada de lo que haga debe depender tu afecto y, es más, es en estos momentos cuándo más lo necesita. Busca qué puede necesitar y cómo puedes acompañarle y hacerle comprender sus propios procesos emocionales. A veces basta con un abrazo después de haber gestionado la situación.

 

  • Eres su ejemplo. Por más que le digas y expliques (que también es muy importante), aquello que más influencia va a tener en tu hijo o hija es tu ejemplo. Así pues, obsérvate a menudo, con amor y compasión, y valora si estás en la dirección que quieres para acompañar a tu bebé.

Con esto termino, deseando haber aportado reflexión y sostén para esta preciosa etapa. Con mucho amor, ¡disfruta de una feliz crianza!

 

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Carla Ollé

Maestra de educación infantil y primaria. Con más de 13 años de experiencia con los bebes en la etapa de 0 a 6 años. Aquí puedes descubrir su página sobre crianza feliz. 

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