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El sueño del niño

El sueño del niño

El de los pequeños es el que más preocupa a los padres, que solo quieren que descansen bien para que se conviertan en niños sanos y fuertes. Y aunque usemos la expresión “dormir como un bebé” para hacer alusión a lo fácil que es para los pequeños conciliar el sueño,  lo cierto es que no todos siguen ese patrón.

Se calcula el 35% de los niños de uno a dos años tiene problemas con el sueño. Una realidad que además de perjudicar el descanso de papá y mamá también altera el del niño, que seguramente no logra un sueño todo lo reparador que podría tener. Para empezar, como os contábanos en este post, es importante respetar sus ritmos. Cuando son muy pequeñitos, esos ritmos están relacionados con sus tomas. Pero a partir del año, lo más recomendable es aprovechar esos momentos en que empieza a dar  señales de que está cansado -se frota los ojos, se muestra menos activo que durante las primeras horas del día- para acompañarle a la cama. Y si esas muestras se dan a las 20.00 en lugar de a  las 22.00 h., habrá que reajustar horarios para que vaya a la cama cuando realmente su cuerpo lo pide y no cuando queramos los adultos.

Sin embargo, hay niños y bebés que no muestran esas señales, o al menos no son tan evidentes, y en esos casos tendremos que ayudarles a que su cuerpo sepa que ya es hora de dormir. Tal como explicábamos en este otro post, es importante seguir unas rutinas que le ayuden a relajarse y a conciliar el sueño, como un buen baño, un masaje y una nana o un cuento.

Los especialistas creen que a partir de su primer cumpleaños el sueño empieza a consolidarse en un largo período de 10 horas sin perjuicio para las siestas diurnas, que en la mayoría de los casos siguen dándose. En total, sumando el sueño nocturno y el de las siestas, los niños de esta edad duermen alrededor de 14 horas diarias habitualmente. Y en cuanto al tiempo que tardan en coger el sueño, la media se sitúa ahora en algo menos de un cuarto de hora. Pero su sueño aumentará o disminuirá en función de las necesidades que tengan. Esa es la razón de que sea posible que un niño que duerme 10 horas diarias porque su cuerpo no necesita descansar más se encuentre igual de bien al día siguiente que otro que duerme 14.

Para estar seguros de que duerme lo que necesita, basta con observar su actividad diaria: si no parece cansado hasta que llega la noche y no da muestras de necesitar dormir más durante el día (por ejemplo, no se pasa el día bostezando ni deja de hacer cosas que le gustan porque le falta energía), nada indica que esté durmiendo menos de lo necesario.

Sin embargo, si no es capaz de dormir varias horas seguidas durante la noche o tarda más de media hora en dormirse habrá que poner en práctica algunas estrategias. Entre las que mejor funcionan se encuentran las siguientes:

  • Si se despierta y reclama a papá y mamá, se puede acudir a su habitación para tranquilizarlo, pero no es conveniente sacarlo de la cama. Es bueno que aprenda a relajarse dentro de la cama.
  • No esperar a que el niño se haya dormido para salir de su habitación. Se le puede leer un cuento, arroparlo… Pero después, es conveniente irse de la habitación para que aprenda a dormirse solo.
  • Si le da miedo la oscuridad, se puede dejar una pequeña luz encendida, pero no es conveniente que aprenda a dormirse con todas las luces de la habitación encendidas. Lo tomará como hábito y después le costará mucho más aprender a dormirse a oscuras.

Se trata de un proceso que requiere algo de tiempo, y las primeras noches resultará complicado. Pero si no se cede, poco a poco, en el plazo de unas semanas, dormirá mejor.

 

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