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La fiebre del bebé, ¿cuándo hay que acudir al médico?

A nadie le gusta que su bebé tenga fiebre. Es un alerta del organismo de que algo no va bien y por eso nos preocupa. Sin embargo, también es una señal positiva de que el sistema inmunológico de nuestro hijo funciona como debe, y que sus defensas están actuando.

Sin embargo, no es lo mismo unas décimas que unos grados, al igual que es diferente si el niño solo tiene fiebre o si está acompañada de otros síntomas de malestar, y también es importante la edad que tenga el bebé. Por eso, los pediatras aconsejan seguir unas pautas u otras dependiendo de esos factores.

Cuando el bebé tiene menos de tres meses. Seguramente no sea nada, pero si un bebé menor de tres meses tiene fiebre o incluso febrícula (solo unas décimas) no está de más acudir al centro de salud. Y si tiene menos de cuatro semanas, lo mejor es no perder tiempo y consultar en Urgencias ya que a esta edad su sistema inmunológico aún es muy inmaduro y una pequeña infección puede complicarse. Mejor prevenir que curar.

Cuando es mayor de tres meses y no le baja la fiebre. Si el bebé ya ha cumplido tres meses pero, tras darle un antitérmico, la fiebre continúa, lo más aconsejable es consultar con el especialista. Sin embargo, si ya le ha bajado la fiebre y vuelve a estar risueño y contento, además de que come y duerme bien durante los siguientes días, no hay razón para alarmarse.

Cuando la fiebre está acompañada de otros síntomas. Independientemente de la edad del niño, los especialistas aconsejan acudir al médico siempre que se de alguna de estas circusntancias: que la fiebre sea alta (por encima de 39 º), que tenga unas manchas rojas en la piel, que vomite varias veces y tenga dolor de cabeza o que respire con dificultad.

Si hay convulsiones febriles. En niños menores de cinco años, en ocasiones la fiebre causa convulsiones y pérdida de conciencia. Aunque el episodio suele durar menos de cinco minutos, debes acudir a Urgencias o llamar al 112. Seguramente el médico confrmará que se trata de convulsiones febriles que, aunque no revisten gravedad, alarman mucho. Los niños que tienen predisposición a ellas pueden volver a sufrirlas, por lo que en estos casos suelen recomendar dar al niño un antitérmico en cuanto tenga unas décimas y vigilarlo solo por si acaso. Hacia los cinco años estos episodios suelen desaparecer.

En el resto de los casos. Aunque la fiebre nos preocupe, no siempre hay por qué acudir corriendo al médico. Si el niño es mayor de tres meses y con un antipirético le baja la temperatura, además de que vuelve a comer y dormir con normalidad, seguramente no hay nada más de qué preocuparse. Eso sí, procura darle muchos líquidos, ya que cuando tenemos fiebre el organismo necesita más que nunca estar bien hidratado.