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La hidratación para el bebé

Podemos decir que hasta el medio año de edad, los bebés obtienen prácticamente todos los nutrientes e hidratación necesaria de la leche materna. La media de consumo viene a ser de unos 700 mililitros diarios durante esta fase.

Una vez superados los seis meses de vida, el bebé diversifica su mix de líquidos, con la llegada progresiva de agua y zumos de fruta. Instituciones como la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria determinan que el consumo total de líquidos para los bebés de entre seis y doce meses de edad se debería situar entre los 800 y los 1.000 mililitros diarios.

Entre los doce meses y los dos años, la cifra debería oscilar entre los 1.100 y los 1.200 mililitros cada día. Como te explicábamos, cuando se desarrolla la lactancia materna a demanda de una manera óptima, los bebés reciben todo el líquido e hidratación que necesitan por esta vía. Una vez que ya tienen doce meses, el agua va ganando terreno hasta ocupar el 80% del aporte de líquidos que debería recibir el bebé.

Determinadas condiciones, como las altas temperaturas, la sequedad ambiente, enfermedades digestivas o la fiebre hacen que sea más necesario estar pendientes de una correcta hidratación del bebé.

Generalmente, en los casos en los que el bebé está pasando por un proceso de enfermedad digestiva, los especialistas suelen recomendar la administración de sueros y soluciones de rehidratación que optimicen la asimilación de agua y minimicen el impacto de la pérdida de líquido y sales.

Pero en el proceso de hidratación del lactante también juegan un papel esencial alimentos como las hortalizas y, por supuesto, las frutas. Pese a lo anteriormente dicho, no es conveniente forzar al bebé a que tome líquidos si no tiene sed (salvo que el pequeño o la pequeña pase por un periodo de enfermedad como antes comentábamos). Y es que la sobrehidratación puede ser, en algunos casos, casi tan nociva como la pérdida de líquidos.