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La inteligencia del bebé, ¿se debe todo a los genes?

Su conclusión fue que el comportamiento de los primeros era mucho más similar que el de los segundos. Sin embargo, ahora la ciencia sabe que no todo lo llevamos escrito en nuestros genes. Nuestras capacidades se deben a multitud de causas en la que los genes son una influencia más. Todo depende de la conjunción de dos elementos: genética y educación.

De ahi que determinados estímulos ayuden a que los niños desarrollen más su inteligencia, independientemente de sus genes. Según un reciente estudio publicado en la revista Psiquiatría Molecular, alrededor del 50% de la inteligencia del niño viene determinada por sus genes, mientras que el otro 50% dependerá de su relación con el medio a lo largo de la infancia, la adolescencia y también la vida adulta. La razón es que aunque el niño nace con prácticamente los 86.000 millones de neuronas que tendrá de adulto, aún no ha desarrollado conexiones entre ellas, y eso es lo que hará a lo largo de su vida. Estas conexiones se desarrollan con el aprendizaje, y ahí es donde podemos poner en marcha los estímulos que funcionan.

 

Lecciones de música para niños

Por ejemplo, se ha comprobado que las clases de música potencian la inteligencia de los niños. Al igual que las clases de arte dramático mejoran el desarrollo en las áreas relacionadas con la conducta y la adaptación social. Sin embargo, llenar a un niño de conocimientos sin más, a base de memorizar pero sin dejar que sea él o ella quien los aprenda, no conseguiremos que sea más inteligente, solo que conozca más datos.

Por eso los especialistas insisten en que la receta para fomentar la inteligencia de los niños no tiene nada que ver con programas de entrenamiento cerebral sino más bien con acompañarles en el aprendizaje, intentando que les resulte apasionante. La curiosidad les invita a aprender, a equivocarse, a descubrir por si mismos cómo funciona el mundo, y eso es lo que desarrolla la inteligencia. El papel de los padres es estar ahí para responder sus preguntas o jugar con ellos cuando haya que hacerlo, para animarles si lo necesitan, y sobre todo, para darles cariño. Según los pediatras, si los niños crecen en un entorno en el que se sienten seguros y queridos, todas sus capacidades se desarrollan con más facilidad. 

 

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