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La memoria del bebé. ¿Cómo funciona?

Cuando echamos la vista atrás e intentamos pensar en nuestro primer recuerdo, la mayoría de los adultos recordamos experiencias que tuvieron lugar a los 3 o 4 años, no antes. ¿Significa eso que los niños no tienen memoria hasta esa edad?

Los especialistas aseguran que no es así. La memoria está actuando desde el día en que nacemos. Se ha comprobado que a los 10 días de nacer, un bebé ya es sensible a un idioma o a otro si estos no se parecen. Puede que no llegue a distinguir el gallego del castellano, pero sí diferencia entre el alemán y el español. O al menos, reacciona de distinta manera ante ellos. Para ser capaz de eso, ha tenido que comparar ambos. Y para lograrlo, primero ha tenido que recordar las características fonéticas de uno de los dos. Por eso los especialistas insisten en que los niños tienen memoria, igual que los adultos. La memoria es cualquier manifestación de una experiencia anterior. Y un gesto o una reacción de un bebé pueden estar indicándonos precisamente eso: que recuerdan esa experiencia.

Por eso se cree que contamos con la capacidad para recordar prácticamente desde el momento en que nacemos. De hecho, el niño dispone de los mismos mecanismos que el adulto para retener imágenes, palabras, personas o experiencias. Sin embargo, los utiliza de diferente forma. La primera dificultad es que no sabe lo que tiene que recordar. Es a partir de los dos o tres años cuando comienza a diferenciar lo que es importante retener de lo que no lo es, y somos los adultos los que le enseñamos a hacerlo peguntándole cosas concretas sobre lo que ha visto. Por ejemplo, cómo se llamaba el príncipe de la película que acabamos de ver. O en dónde vivía el oso que escapaba de los cazadores del cuento que le ha contado la abuela.

Lo que recuerda sin esfuerzo

Aunque con algo de entrenamiento la memoria de los niños puede acabar recordando muchas cosas, si algo llama poderosamente su atención, como un espectáculo de payasos o una película de dibujos animados que le haya gustado mucho, la recordará sin ningún tipo de ayuda. Por eso puede sorprendernos su capacidad para recordar en determinadas situaciones: todo aquello que les interesa, les motiva o asocian con situaciones vividas por ellos se instala rápidamente en su memoria.  Y entonces procesan sus recuerdos de forma organizada y con muchos detalles.

Podemos echarle una mano ejercitando su memoria con algunas tareas que le encantarán. Por ejemplo, leyéndole cuentos. Cuando nos pide que le leamos de nuevo un cuento que ya ha escuchado no significa que no recuerde nada de él. Ha retenido parte de ese cuento, pero cada vez que se lo leemos encuentra algo nuevo que recordar, y por eso parece que siempre es como la primera vez. Si después de leérselo le hacemos algunas preguntas sobre él, estaremos ayudándole a  “entrenar” lo que escucha y ve para que distinga lo que es relevante de esa historia.

Ocurre lo mismo al cantar canciones. Con ellas aprende a predecir lo que viene después. Si tras cantarle muchas veces la misma canción nos quedamos callados en una estrofa, puede que la primera vez no sepa continuar solo, pero esa acción habrá llamado su atención. Tanto que en la siguiente ocasión o a la tercera o a la cuarta, seguramente sabrá cantar la siguiente estrofa.