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Leer a tu hijo desde bebé

Leer a tu hijo, desde bebé

Leer cuentos a los niños es una forma fantástica de comunicarnos con ellos y transmitirles afecto y conocimientos, y podemos hacerlo desde que nacen. Te damos algunas claves para elegir los primeros libros del bebé.

¿Cuándo podemos empezar a leer cuentos a los niños? La respuesta es: desde que nace, e incluso desde antes, desde el embarazo. Un secreto: aunque nunca hayas abierto un libro infantil para leérselo en voz alta a tu bebé, en realidad llevas tiempo preparándole para disfrutar de la lectura y puede que no te hayas dado cuenta.

¿Cantas nanas o canciones a tu hijo? ¿Le dices retahílas? Ya sabes, esas expresiones infantiles que se repiten en los juegos o en situaciones del día a día, como “cura, sana, culito de rana…” o “al paso, al paso al paso/ al trote, al trote al trote…”.

Pues todas esas formas de comunicarnos con nuestro bebé con frases rimadas, con música o con una sonoridad diferente que pertenecen a la tradición oral popular son el primer contacto que los bebés tienen con la literatura desde tiempos inmemoriales y son esenciales en el aprendizaje del lenguaje por parte de los niños. Y por mucho que hayan cambiado los tiempos y ahora tengamos Youtube en el móvil, apps en la tablet y todo tipo de dispositivos con música para bebés, cada vez que nace un niño a sus mayores nos “sale” de manera natural cantarle y jugar con él mientras utilizamos esas «cancioncillas» y otras que nos inventamos.

Los primeros cuentos y el lenguaje

Esas palabras que repetimos una y otra vez ayudan a fijar las estructuras del lenguaje, el vocabulario, la entonación y van enseñando al bebé una de las maravillas de los cuentos que descubrirá y le fascinará a partir de los dos años: que la historia de un cuento siempre es igual, que las palabras, básicamente, se repiten, que cada vez que abres el libro, el pollito está en el mismo sitio y le pasan las mismas cosas, aunque, si quieres, puedes interrumpir aquí o allá o introducir cambios. Poder anticiparse a lo que va a suceder, integrar una estructura en la que las secuencias de la historia llevan un determinado orden, les produce un gran placer y les da seguridad. Por eso a partir de cierta edad los niños nos piden que les leamos el mismo cuento una y otra vez, y se enfadan si cambiamos la historia.

Mucho antes de que todo esto llegue el bebé empieza a disfrutar de la sonoridad del cuento en la voz de mamá o papá (que no es igual cuando lee que cuando habla), del ritmo de las palabras, de las pausas al pasar las páginas. Aunque el bebé no hable, cuando le leemos cuentos mejoramos su capacidad lingüística.

También son muy importantes los aspectos emocionales que rodean al hecho de estar en el regazo de los padres mientras le leen con voz tranquila o hacen gestos y aspavientos y ponen voces divertidas, prestando atención a sus reacciones y a lo que le llama la atención, compartiendo un momento de intimidad y disfrute que refuerza el vínculo.  Eso sí, al principio no cuentes con que va a fijar demasiado la atención, en unos minutos querrá hacer algo diferente.

Los libros para bebés

Los libros “para bebés”, es decir, los cuentos de tela o de cartón pequeñitos, con una sola ilustración por página en la que se ve a un animal, una fruta o un objeto de la vida cotidiana, con texturas y sonidos sencillos, son en realidad para niños más mayores, a partir del año y medio o los dos años, aunque juegan con ellos desde antes.  Con ellos los niños aprenden a manipular (y morder y chuperretear) los cuentos, se acostumbran a ellos y trabajan su psicomotricidad.

Y algo muy importante, comienzan a leer las imágenes. Es decir, como explica Marion Durand, aprenden a reconocer la imagen que ven en el libro y a relacionarla con un objeto del mundo “real”, a identificarse ellos mismos con lo que ven en el libro (por ejemplo, cuando aparece un bebé que juega o que da un abrazo a su madre) y, el paso más allá, aprenden a imaginar: el niño crea una situación nueva a partir del dibujo que han visto.