Los errores más frecuentes de mamás primerizas

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Nadie nace enseñado, dice el refrán. Lo saben bien las mamás que estrenan su carné de progenitoras, que de repente se encuentran ante decenas de tareas nuevas por hacer: bañar al bebé, darle el pecho, interpretar y distinguir sus llantos, conseguir dormirlo... Todo el mundo les ha dicho lo que deben hacer e incluso han podido explicarles cómo hacerlo.

Pero de la teoría a la práctica hay un largo camino. La buena noticia es que poco a poco esas madres primerizas acabarán obteniendo matrícula de honor. Sin embargo, durante los primeros meses es posible que caigan en alguno de siguientes errores, los más comunes entre las mamás novatas e incluso alguna veterana.

Poner al bebé demasiada ropa

Obsesionarse con cuidar al bebé lo mejor posible haciendo lo que esté en nuestra mano para evitar que enferme es una actitud frecuente en todos los papás y mamás. En realidad es muy beneficiosa para el pequeño, pero si la llevamos al extremo podemos conseguir lo contrario a lo que buscamos. Es lo que ocurre cuando nos empeñamos en abrigar a nuestro hijo como si estuviéramos a -10ºC para evitar resfriados. Aunque es cierto que a los recién nacidos les cuesta más regular su temperatura corporal y tienen poca grasa con la que protegerse del frío, generalmente con ponerles una capa más de ropa de la que nos pondríamos nosotros es suficiente. Que pase calor y sude es tan poco beneficioso como que pase frío.

Todo en silencio y a oscuras a la hora de dormir

Seguramente es el error más frecuente para poner a dormir a nuestro bebe: bajar persianas, apagar tele y luces, poner el móvil en silencio y mantener a todos los que estén en casa completamente callados hasta que el bebé despierte. La intención es buena porque se trata de no molestar al bebé, pero hay que habituar al niño a percibir la luz del sol y los ruidos cotidianos de la casa cuando es de día para predisponerlo a dormir por la noche, además de que si se acostumbra a dormir únicamente con todo en calma, el más mínimo ruido lo despertará. No se trata de intentar dormirlo en mitad de una discoteca pero tampoco es bueno crear una atmósfera de oscuridad y silencio total.

Cambiar de pecho antes de que termine

Otra práctica muy común que sin embargo no beneficia al bebé. Casi todas las mamás tienen la errónea creencia de que la leche del final es la que menos alimenta, y resulta que es justo al contrario. Tiene un mayor contenido en grasa, por eso los pediatras no aconsejan cambiar de pecho al bebé hasta que haya vaciado el primero. Lo ideal es que vacíe los dos.

Dejarlo llorar para no malacostumbrarlo

Suele ser un consejo de las abuelas, pero lo cierto es que los pediatras creen que no hace ningún bien al pequeño. Cuando un recién nacido llora es porque necesita cubrir alguna necesidad -hambre, sueño, molestias por el pañal...-, y de hecho, esa es la función del llanto: alertar de que algo pasa. Por eso hay que procurar averiguar la causa del llanto y actuar en consecuencia.

Todo esterilizado

La limpieza es otro punto que nos obsesiona, y a veces hasta extremos que pueden llegar a resultar perjudiciales. Aunque hay que mantener al bebé lejos de las bacterias, crecer en una especie de burbuja de cristal puede hacerlos más vulnerables a algunas enfermedades. Es lo que se conoce como la hipótesis de la higiene, que podría resumirse en que si los niños viven en un exceso de higiene, su sistema inmunológico no aprende a atacar a los agentes que son perjudiciales para la salud, por lo que su cuerpo acaba siendo muy vulnerable. 

 

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