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Los primeros 1000 días del bebé, fundamentales para él

De hecho, solo durante los primeros seis meses este órgano crecerá más que en ningún otro momento de la vida. Además, lo que los investigadores llaman programación metabólica se define en estos primeros dos años, y por esa razón los especialistas aconsejan aprovechar este período para aportar beneficios al bebé.

¿Cómo? Pues en primer lugar, cuidando todo lo posible su alimentación. Para lograr los máximos beneficios los pediatras recomiendan la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida del niño si es posible. La razón es que tiene la combinación exacta de nutrientes y niveles más altos de DHA, un ácido graso esencial para el neurodesarrollo. Pero también cuenta con otros elementos que modulan la respuesta inmune, lo que hace que este alimento sea perfecto para el bebé en desarrollo.

Después, su alimentación debería estar constituida por otros productos además de la leche, que seguirá constituyendo el 50% del total de las calorías de su dieta diaria. Las recomendaciones de los pediatras son comenzar con cereales sin gluten, frutas sin azúcares añadidos y verduras como patatas o zanahorias; seguir con carnes  como el pollo o el pavo; continuar con pescado blanco y yema de huevo; y seguir con jamón cocido, yogur, legumbres y pescado azul a partir de los 18 meses.

Pero no sólo la alimentación es importante. Durante este tiempo su cerebro, que pesaba 300 gramos al nacer y alcanzará los 1200 gramos cuando cumpla tres años, está absorbiendo muchísima información que el niño ordena y usa para aprender. Por eso la estimulación es fundamental en este tiempo: todo lo que vea, escuche, huela o toque le aporta datos y experiencias que son muy importantes para su desarrollo.

También es ahora cuando aprende a crear vínculos emocionales, adquieriendo habilidades para ello, y al mismo tiempo se acostumbra a afrontar situaciones de estrés. Porque los bebés, a pesar de su corta edad, ensayan fórmulas para gestionar el estrés al igual que desarrollan su propio aprendizaje para comenzar a hablar. ¿Qué podemos hacer para ayudarle? Sobre todo darle cariño y seguridad, pero dejándole explorar el mundo por su cuenta al mismo tiempo.

Gracias a esa exploración libre pero vigilada también aprenderá a moverse, a ejercitar su cuerpo desarrollando la masa muscular necesaria para gatear, ponerse de pie y por fin, comenzar a andar. Un proceso complejo para el que nos necesita a su lado pero que tiene que aprender por si mismo.

 

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