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Los primeros pasos del bebé

A medida que se acerca su primer cumpleaños, los bebés comienzan a explorar el mundo de una forma mucho más intensa. La razón es que empiezan a dar sus primeros pasos, y esa capacidad es un auténtico trampolín para su evolución. Les da todas las facilidades a la hora de saciar su curiosidad porque ya pueden desplazarse solitos a donde quieran. Pero además, les ayuda en su aprendizaje, proporcionándole una herramienta fundamental para su desarrollo.

¿Cuándo empiezan a andar?

Según los especialistas, los niños suelen comenzar a andar entre los 9 y los 18 meses. Esa horquilla es lo suficientemente amplia como para que nos inquietemos sin motivo. Por ejemplo, si el hijo de un amigo ya lleva meses correteando y nuestro bebé aún no nos suelta la mano. Sin embargo, no hay nada de preocupante en que un niño comience a caminar a los 16 meses, al igual que eso no quiere decir que no vaya a ser ágil. Cada uno tiene su ritmo, y viene marcado por el desarrollo de su sistema nervioso y aparato locomotor, pero también por otras áreas. Es importante que él se sienta lo suficientemente seguro para dar sus primeros y también que se muestre impaciente por intentar descubrir el mundo por si mismo.

¿Qué movimientos hace antes de andar?

Para poder caminar, todos seguimos un proceso para el que es imprescindible pasar por unas fases previas. Primero el bebé tiene que ser capaz de soportar su peso en las manos cuando esta boca abajo; después, mantener la cabeza erguida; más tarde, mantenerse sentado sin ayuda sosteniéndose sobre el tronco y girar sobre su cuerpo; tras controlar ese movimiento aprenden a apoyarse en miembros superiores e inferiores y después a levantarse apoyándose en muebles. Por último, se sostendrán de pie sujetos con ambas manos a nosotros y después, con una. En todo este proceso, la etapa que suele llegar más inesperadamente es el paso del gateo a la posición vertical. La adoptarán de un día para otro, manteniéndose de pie con algún apoyo. Entonces llegarán sus primeros intentos por dar un paso y luego otro.

El papel de papá y mamá

No es nada fácil dominar el equilibrio, así que seguro que hay unas cuantas caídas antes de que el niño aprenda a andar. Por eso agradecerán más que nunca que los adultos estén muy pendientes de él, sintiéndose seguros a pesar de algún que otro tropiezo. Por si acaso, conviene forrar las esquinas de las mesas que queden a su altura, tapar enchufes y retirar de su camino objetos que puedan resultar peligrosos. Hay que vigilar sus pasos y, en lo posible, adelantarse para evitar accidentes.