¿Por qué llora cuando va al pediatra?

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Bebés: llorar en el pediatra

Es un clásico de los consultorios pediátricos: aquel bebé que, hasta la última revisión, era puro sonrisas, alrededor de los 8 o 10 meses comienza a llorar en la consulta con su doctor y no para hasta que el control termina, dejando a los padres abochornados. Esta conducta suele persistir mientras el niño es pequeño… y a veces, continúa hasta la edad escolar. ¿Por qué los bebés cogen miedo al pediatra? ¿Qué podemos hacer para ayudarlos?

Cuestión de edad

En primer lugar, es normal que estos episodios de llanto comiencen alrededor de los 8 meses, cuando los bebés desarrollan la ansiedad ante los extraños. En efecto, muchos pequeños no lloran solamente en la consulta con su pediatra sino también cuando los dejan en la guardería, cuando van a cortarse el cabello, cuando pretende alzarlos en brazos una tía que no los ve hace tiempo o incluso ante desconocidos que les sonríen por la calle.

Los avatares de la consulta

Por otro lado, la consulta con el pediatra es vivida por el bebé como una situación de estrés: lo tumban en una camilla, le sacan su ropa (cosa que a muchos bebés no les agrada), lo tocan con instrumental médico que está frío y les resulta invasivo y desagradable. Con el correr de los meses empiezan a asociar la bata blanca del médico con esta situación, y por eso lloran en cuanto llegan al consultorio.

El rol de los padres

A veces, sin darnos cuenta, somos los propios padres quienes trasmitimos ansiedad al bebé. Lo abrazamos con mucha fuerza, procuramos distraerlo a toda costa con el móvil o con el chupete, nos negamos a soltarlo incluso cuando el médico lo está revisando. Si tu bebé se siente ansioso durante la revisión pediátrica, pregúntate si algo de ello no te ocurre a ti también. Y no sientas pena porque el bebé llore: el pediatra está acostumbrado a ello, y sabe que lo mejor que puedes hacer tú es conservar la calma.

¿Cómo podemos evitar el llanto?

Ya desde muy pequeñitos puede ayudarlos jugar con un maletín de doctor a “curar” a sus muñecos. Estar familiarizados con el instrumental hará que pronto le pierdan el miedo. También puede servirles llevar a su muñeco preferido a las citas con el pediatra, para que el doctor les muestre cómo al osito no le duele que lo ausculten o que le revisen sus oídos con el otoscopio.

Por tu parte, cada vez que hables acerca de los doctores, transmíteles que son personas muy buenas que velan por su salud. Lo ideal sería que lleves contigo a tu bebé o niño pequeño alguna vez que tú te hagas un chequeo, para que perciban la confianza que le tienes a tu médico.

Por último, no caigas en la tentación de engañar o distraer a tu pequeño cuando deba recibir sus vacunas u otro procedimiento invasivo: es preferible decirles la verdad (que dolerá un poquito) que engañarlos y fomentar así sus temores.

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