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El movimiento libre. Los primeros pasos de tu bebé

Artículo escrito por: Carla Ollé, maestra de educación infantil

Puede ser que alguna vez hayas oído hablar del movimiento libre y de las aportaciones de la pediatra Emmi Pikler al respecto. O quizás solo hayas sentido algún tipo de intuición que te hace querer dejar espacio a tu bebé para que aprenda por sí mismo/a. También puede ser que te preguntes cómo ayudar a tu hijo o hija a hacer nuevos avances. O quizás sientas la presión de tu alrededor preguntándose cómo puede ser que, a sus meses, aún no sepa hacer según qué cosa. No te preocupes, es muy normal que te plantees todo esto y no sepas qué pensar. El camino desde el nacimiento hasta los primeros pasos es la etapa de los cambios y aprendizajes físicos más importantes de toda la vida, nunca se repite una evolución igual. Es por eso por lo que hoy te hablaré de la importancia del movimiento libre.

Etapas del bebé

Para abordar este tema, en primer lugar, quiero que centres la atención y te fijes en todo lo que tu bebé sí sabe hacer, en vez de mirar lo que aún no ha aprendido (aquello en lo que, lamentablemente, en general se centra tanto la sociedad). Presta atención a lo que te voy a decir: los bebés son capaces de aprender todos los pasos desde que nacen hasta que llegan a caminar, solos. Sólo es necesario que el entorno y las experiencias lo acompañen.

Si el niño/a se mueve en libertad, pasará por estas etapas, y en este orden:

Moverse con libertad

Boca arriba, boca abajo, a gatas, sentado, de pie, y caminar (no suele ser lo más habitual, pero podría ser que el bebé se levante cogiéndose, antes de sentarse). Y como tú no realizas ninguna intervención directa en su desarrollo motor, el pequeño/a aprende un conjunto de movimientos y posiciones intermedias, increíblemente ricas y variadas, que son lo que le permite pasar de un estadio a otro. Lo son, por ejemplo:

Movimientos Bebé

De lado antes de voltear, arrastrarse antes de gatear, desplazamiento de rodillas, de pie cogiéndose… Es como cuando, para aprender a ir en bicicleta, primero vas con los ruedines. Los movimientos y posiciones intermedias son la preparación que tu pequeño/a necesita para pasar al siguiente estadio por sí mismo, y éstos que te enseño son sólo algunos ejemplos del enorme conocimiento y dominio corporal que llega a tener un niño/a cuando se mueve libremente.

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Respeta su ritmo

Respeta su ritmo, no hay edades establecidas para ninguna etapa. De verdad, no las hay. Yo misma fui tutora de un aula en la que un niño comenzó a caminar a los 11 meses, y otro a los 18. En ambos casos fue perfecto, porque era su momento. Y cuando llegó, estaban totalmente preparados. Es importante observar que haya desarrollo, por supuesto, y si hubiera alguna patología, obviamente, habría que ponerse en manos de profesionales. Pero si pasa como en la gran mayoría de casos, en los que la salud es favorable, disfruta y deja disfrutar a tu bebé.

¿Por qué digo esto? Porque intervenir directamente en el desarrollo motor del niño/a es perjudicial para él, aunque se desconozca. Para un gran conjunto de la sociedad es natural y bueno sentar a un bebé antes de que haya aprendido a hacerlo por sí mismo, o cogerle los deditos para que se levante haciendo fuerza con la barriga y los brazos desde el suelo, o darle la mano para que aprenda a caminar, o ponerlo boca abajo días o pocos meses después de su nacimiento… Pero me gustaría decirte una cosa: no lo hagas.

Dos bebés y dos situaciones diferentes

En estas situaciones (y muchas otras) fuerzas al pequeño/a a ejercitarse de una manera para la que no está ni física ni psicológicamente preparado, y esto tiene un impacto para su futuro. Me gusta explicarlo con un pequeño ejemplo, que un día me pusieron a mí, para aclararlo:

Imagina un bebé al que, por recomendación del/la pediatra (en ocasiones esto sucede), presión social, imitación de otras personas, o un poco de cada, lo han colocado sentado a ratos. El pequeño/a se ha ido adaptando a la situación y, finalmente, se aguanta sentado/a, aunque de momento no sabe cómo salir de esta posición, y a nosotros todo nos parece normal.

Ahora imagina que esta niña o este niño está jugando con una pelota en las manos, y resulta que se le cae y sale de su alcance. En esta situación quiero hacerte una pregunta importante: si la quisiera recuperar, ¿qué crees que necesitaría? ¿Crees que intentaría ir a buscarla, o se quedaría sin saber qué hacer? Lo más probable es que, como no sabe salir de la posición de sentado, necesitaría a alguien que le ayudara. Tal vez tendrá que hacer algún ruido o incluso (y lo más seguro), llorar para que alguien le atienda y lo saque de esa situación.

En esta circunstancia podríamos ver muchas más cosas, pero ahora nos quedaremos con la dependencia hacia el adulto que se va creando en este niño/a y, también, con el desequilibrio tónico que va adquiriendo cuando se le ha sentado antes de tiempo: el tronco y los brazos tienen actividad y movimiento y, por el contrario, las piernas quedan sin ejercitarse durante largos espacios de tiempo.

Ahora imagina este mismo bebé, exactamente el mismo, que ha aprendido a sentarse solo, así que seguro que sabe salir de esa posición. Y si ha llegado hasta aquí, también sabe gatear, arrastrarse, voltear… tiene un gran dominio de su cuerpo. Ponlo exactamente en la misma situación, jugando con una pelota que le cae de las manos. Y sabes qué, ¿verdad? Este niño/a es totalmente capaz de ir a por la pelota y seguir jugando, sin más.

En este caso se va creando la independencia y autoconfianza que, a fin de cuentas, seguro que quieres para tu pequeño/a. ¡Mira qué temprano empieza! En este caso podrás disfrutar observándolo, invirtiendo el tiempo en lo que estés haciendo (tal vez preparando alguna cosa, reordenando el espacio, jugando con él/ella…). Cada uno puede estar concentrado e implicado en sus cosas. Y en este caso tu hijo/a, además, disfruta de un excelente equilibrio tónico y control corporal que ha ido alcanzando su ritmo.

Como ves, te hablo de confianza, de creer en las capacidades de tu bebé, de admiración, de autoaprendizaje, de cuidado, de fijarte en lo increíble que es todo lo que es capaz de hacer este pequeño/a explorador/a de la vida. Ofrécele lo mejor.

 

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Carla Ollé

Maestra de educación infantil y primaria. Con más de 13 años de experiencia con los bebes en la etapa de 0 a 6 años.

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