¿La Navidad, bien o en familia?

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¿La Navidad, bien o en familia?

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Una gran familia es el mayor tesoro que uno puede tener. Pero ¿quién no ha soltado un ‘uff’ alguna vez al pensar en alguna de las comidas familiares de estos días? Yo misma sin ir más lejos.

En ocasiones hay que hacer muchos kilómetros para ello. Cientos de kilómetros con sus ‘veo-veo’, sus ‘cuánto falta’ y sus escapes de gas, de los que siempre es responsable el peluche de turno.

Mover una familia numerosa conlleva organización y trabajo extra y eso siempre da un poco de pereza, pero merece la pena.

Acabamos de llegar de Castellón, donde los días no festivos hemos sido doce personas a comer y a cenar. Y en Nochebuena y Navidad, casi el doble. Una locura y una gozada.
Este año, las sobremesas han sido más complicadas, porque nos han obligado a refrescar el inglés. La crisis ha llevado a muchos jóvenes a viajar allende los mares y algunos, como es el caso de mi hermano, ’el tío Javi’, ha venido a presentarnos a la que en breve será su familia política, que ha alucinado con el griterío, la cantidad y calidad de la comida estos días y sobre todo con la capacidad para la acogida.

Algún día me tocará a mí ser la anfitriona y hacer sentir como en casa, no a un amiguito de Ángel, Irene o Sara (eso está ‘chupao’), sino a una docena de personas o más, como sucede en tantas familias en Navidad. Salir airosos de estas situaciones requiere capacidad de trabajo, experiencia y mucha cintura para saber decir, saber callar y saber hacer. Vamos, que me quito el sombrero ante mis padres y mis tíos, que han trabajado mucho estos días. A mí desde luego me han dado un bonito ejemplo de lo que significa acoger y estar permanentemente pendiente de los demás.

Para los niños son experiencias inolvidables de convivencia, chistes y juegos con personas a las que no ven con frecuencia. Y a los mayores nos ofrecen la posibilidad de ponernos al día, riendo y llorando juntos con las buenas y las malas noticias de los últimos meses. Estas horas de conversación inagotable sirven además como desahogo, terapia; también para cargar pilas, descubrir apoyos y cómo no, para fijar fecha para una nueva cita, con comida de por medio.

El viaje de vuelta, a nosotros siempre nos va mejor que el de ida. Será por el cansancio. Ángel, Irene y Sara durmieron casi tres horas seguidas en el coche. Parecían la familia Pig. Mientras Isidro y yo arreglamos el mundo sin interrupciones, recordando los mejores momentos de las sobremesas. Y al despertar ayudamos a Irene a pulir alguna de sus últimas composiciones. Sí sí, en su sexta Navidad anda trabajando en su primer disco. Se titula ‘No te lo pierdas’ y ya va por la quinta canción.

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