Abuelos coraje

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Lo más frecuente es que nos lleguen historias de "padres coraje", que convierten algo tan normal como es el amor hacia los hijos, en gestos extraordinarios. Pero hoy me ha llamado la atención la historia de unos "abuelos coraje", Arantxa y Manuel, que lejos que sucumbir al desaliento y, cuando parece que ya no hay nada que puedan hacer por recuperar a su nieto, han iniciado una campaña lanzando al mar mensajes que le han escrito al pequeño y han introducido en biberones.

Lo más frecuente es que nos lleguen historias de "padres coraje", que convierten algo tan normal como es el amor hacia los hijos, en gestos extraordinarios. Pero hoy me ha llamado la atención la historia de unos "abuelos coraje", Arantxa y Manuel, que lejos que sucumbir al desaliento y, cuando parece que ya no hay nada que puedan hacer por recuperar a su nieto, han iniciado una campaña lanzando al mar mensajes que le han escrito al pequeño y han introducido en biberones.

Es una historia larga y complicada en la que entran en juego leyes de otros países que desconozco. Ello, sin embargo, no me impide imaginar el dolor de unos padres que después de la formación y la espera que conllevan los procesos de adopción y después de haber ido hasta Guatemala a por su pequeño, se ven obligados a viajar de nuevo para devolverlo.

¿El motivo? Que la madre biológica se ha arrepentido de su decisión inicial de entregar al pequeño en adopción. 

Como digo, desconozco la letra pequeña de la historia de Julen, que llevaba meses viviendo en España y ya había echado raíces aquí, cuando ha tenido que regresar a su país de origen con el consiguiente sufrimiento para la familia de adopción.

De golpe, no solo sus padres adoptivos, que están destrozados, también sus abuelos tienen que hacerse a la idea de que el pequeño ya no está. Arantxa y Manuel sin embargo, se resisten a no hacer nada y siguen escribiendo su historia y lanzándola al mar. Los primeros biberones ya han llegado a la costa del sur de Francia, donde la familia que los encontró, no podía creer lo que estaba leyendo. No sé cuál será el final de esta historia en la que las injusticias se encadenan. 

A mí por una parte me deja revuelta y con un enorme sentimiento de gratitud por poder disfrutar de mis hijos y tener recursos para poderles criar y ofrecerles una educación.

Por otra, respecto a estas historias llenas de matices, a menudo desconocidos para quienes hablamos de ellas, siempre echo de menos que se ponga el acento por encima de todo, en los derechos del niño y no en los de los padres biológicos o de adopción.

Seguiremos la pista a estos mensajes en biberones echados al Mar Cantábrico, para contaros cómo ha terminado la historia del pequeño Julen.

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