Calcular bien las distancias

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embarazo

Ser madre exige, entre otras cosas una adaptación constante a las necesidades de tus hijos y en ocasiones poderes de adivinación para descubrir qué les sucede. Dicen que nosotras somos más intuitivas y flexibles que ellos para ir detectando en qué fase estamos y dar a cada uno lo que su situación requiere.

No sé qué hay de verdad en esta afirmación y cuanto de topicazo. Lo que sí es cierto es que nosotras sufrimos más cambios desde el momento en el que nos quedamos embarazadas y eso alguna consecuencia debe tener.

Recuerdo a una vecina que siempre justificaba las torpezas de los niños, cuando se nos caía un plato, un vaso o nos llevábamos una silla por delante, diciendo que habíamos dado un estirón. Yo, entonces, pensaba “qué tendrá que ver el atolondramiento (que diría mi padre) con el crecimiento de los niños”. Y ha sido al quedarme embarazada cuando he descubierto que mi vecina tenía razón.

Me explico. Al final de mi tercer embarazo, estando ya… bastante panzuda, no hacía más que darme golpes con los picos de las mesas, los marcos de las puertas, la gente en los pasillos… “Ten cuidado, Amparo”, me decía mi marido. Y yo le decía, “es que mis dimensiones han aumentado considerablemente en poco tiempo y calculo mal el espacio que necesito para moverme”. Por no hablar de las manchas. No soy una persona que me manche mucho, pues fue pasar el quinto mes de embarazo y empezar a descubrir lamparones a la altura de la barriga después de todas las comidas.

Así que, como mi vecina, me he vuelto más comprensiva con las torpezas de mis hijos cuando algo se les cae, o se manchan más de lo deseable, porque he vivido en carne propia lo que trastornan los estirones, ya sean a lo largo o a lo ancho.

Los cambios físicos que sufrimos en el embarazo son para muchas mujeres lo más molesto, pero con el tiempo te das cuenta de que todo tiene un sentido y de que a todo se le puede sacar partido. Ese ajuste rápido a que nos obligan todas esas “transformaciones” que vivimos antes de que nazcan nuestros hijos, nos preparan para los requiebros que tendremos que hacer el resto de la vida y para desarrollar hasta la máxima expresión nuestra capacidad de adaptación.

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