Coach de mis hijos

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Coach

Estoy descubriendo mi ‘punto coach’. Ahora que esta profesión está omnipresente y que los encontramos ofreciendo aliento en cualquier programa que se precie, me he dado cuenta de que su manera de entender la vida y enfrentarse a las dificultades va conmigo.

Es más, creo sinceramente que todos las padres llevamos un ‘coach’ en nuestro interior. Y si no es así… deberíamos.

Mi hija Irene de siete años, pide que saque mi faceta ‘coach’ continuamente y a mí me encanta, porque soy de las que siempre ve el vaso medio lleno. Y cuando solo veo nubes a mi alrededor, mi pequeña aventurera tira de mí.

Por las mañanas cuando todos salimos zumbando, me gusta despedirme con alguna frase con ritmo, que mis hijos puedan recordar fácilmente en alguno de los muchos momentos difíciles que tienen a lo largo del día. Porque su día no siempre es fácil. Pienso que estos sencillos mantras si los escojo bien, los recordarán toda la vida y podrán ayudarles a mirar de otro modo en los momentos en los que todo se vea turbio y yo no esté cerca.

Con Irene, que a veces se siente un tanto insegura con sus ‘pruebas de mates’ y a la que se le ha metido en la cabeza, que no se le dan bien los números, algo que no es verdad, funciona la letra de la canción ‘Color esperanza’. Me basta susurrarle al oído ‘recuerda… saber que se puede, querer que se pueda’ para que me mire sonriendo y apunte al cielo con su pulgar.

Ángel, que tiende a dar la batalla por perdida demasiado pronto, frunce el ceño cuando imito a ‘Doris’, la pececita desmemoriada de ‘Buscando a Nemo’ y le repito ‘sigue nadando, sigue nadando’. Cuando hemos conseguido lo que parecía imposible, sin embargo, me da las gracias por haberle ayudado.

Tengo la impresión de que él, de diez años, empieza a valorar de verdad, que su padre y yo estemos ahí en los momentos en los que sus pequeñas batallas le parecen imposibles de pelear. Es como si se estuviera estableciendo un vínculo distinto entre nosotros.

Esta semana, yo que no soy nada futbolera, he recurrido a Simeone y a su ‘si se cree y se trabaja, se puede’. La frase nos ha dado juego y ha inspirado interesantes conversaciones estos días. Porque no hace falta ser mayor de edad para saber que no son palabras huecas y que el esfuerzo da sus frutos. Los niños también lo experimentan.

‘Pero no siempre que se quiere se puede’, apunta Irene.

En estos casos, es gratificante descubrir que para ellos, saber que estamos ahí y que en casa, pase lo que pase siempre se van a encontrar con un abrazo, es lo que más cuenta en su lista de cosas buenas que les suceden cada día. En éstas andamos.

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