Conclusiones tan lógicas como equivocadas

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Bautizo

Ángel no pudo jugar el partido del sábado pasado con su equipo. Bautizábamos a Sara exactamente a la misma hora. La vida nos hace elegir desde bien pequeños. “Mis amigos van a dedicarle todos los goles que marquen –decía Ángel a sus tíos balanceando los brazos como hacen los futbolistas famosos cuando dedican a sus retoños cada uno de sus logros en el campo”.

Fue una ceremonia recogida en la que estuvimos acompañados por abuelos, hermanos, padrinos y un par de amigos íntimos. En la Iglesia, Ángel no se separó ni un momento de su hermana, que lloró cuando le echaron agua, cuando le hicieron la señal de la cruz en la frente y al ponerle el crisma en el cogote. La conclusión para Ángel estaba clara: “A Sara no le gusta que la bauticen”.

Para Irene, que últimamente busca toda la información que puede de cuanto sucede a su alrededor, el significado del agua, el paño blanco y la cruz, pasaron a un segundo plano. Entre los invitados había varias personas de esas de las que decimos que se les dan bien los niños y a ellos se pegó como una lapa buscando afecto, diversión y atención sincera. Los niños captan rápidamente cuando un adulto tiene verdadero interés por sus cosas.

Al salir de la Iglesia descubrí en el móvil un mensaje en teoría muy bueno. El equipo de Ángel había ganado 5-0. La primera victoria. Busqué al “mejor portero titular” para darle la noticia y cuál fue mi sorpresa. En lugar de encontrarme una sonrisa de oreja a oreja, me encontré con una cara de desconsuelo que desembocó en una llantina incomprensible.

Afortunadamente, la abuela sabía perfectamente lo que rondaba por la cabeza de Ángel y que hacía que se sintiera tan mal.

Era el primer partido al que Ángel faltaba y el primero que ganaban… ergo…. Su equipo ganaba porque él no había jugado. Una conclusión tan lógica como equivocada.
No sé cómo habríamos resuelto la situación de no ser por la intervención de mi madre y que una vez más me hizo ver que los niños no la adoran porque sí, sino que es una admiración y una confianza merecidísima a fuerza de arrodillarse a jugar con ellos sin importarle si se mancha o no y de no olvidar jamás sus zapatillas para poder correr y caminar cómoda por el Retiro, cada vez que viene a vernos.

Los días previos al bautizo fue ella la que había ido a recoger a Ángel e Irene al colegio. Siempre digo que es el momento más intenso del día porque es cuando ellos cuentan lo que han aprendido, a qué han jugado y con quién, qué les preocupa o qué situaciones les han hecho sufrir. Y en este caso así fue. Ángel llevaba varios días explicándole a su abuela que no iría al partido y que si su equipo ganaba no sería una buena noticia. Así que a Lola la llantina de su nieto no le sorprendió lo más mínimo.

Entre unos y otros intentamos consolarle y hacerle ver que a veces razonamientos muy lógicos nos conducen a conclusiones que no siempre son correctas. Dos días después aún le da vueltas a esta idea.

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