Cuando los niños crecen

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Cuando los niños crecen

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Comentario a las nueve de la mañana en la puerta del colegio: “Con dos niños pequeños y muy seguidos me consuela pensar que en breve serán más independientes y tendré algo de paz. Luego te veo a ti -es decir, una servidora-, a primera hora de la mañana, un día con una guitarra, otro cargada de bolsas y me vengo abajo. ¿Cuándo crecen es peor?”

Así empezaba hoy el día, echándome unas risas con una mamá en la puerta del colegio de mis hijos.

Ella tiene dos peques seguidos con todo lo que ello conlleva y se consuela pensando que a medida que crezcan en autonomía su vida también crecerá en intimidad y algo de tiempo para cultivar aficiones o simplemente para “nadear”. Error. Mi experiencia es que esto es simplemente un espejismo o lo que muchos denominan “pensamiento de deseo”. Es decir, pensar intensamente que las cosas van a suceder tal y como queremos.

Natacha y yo nos hemos quedado charlando unos minutos mientras llegaba el autobús que cada día me lleva al trabajo y me decía lo que tantas veces hemos comentado en el blog. Que el embarazo, el parto y la crianza de los hijos, mientras son muy pequeños a menudo se edulcora en exceso. Y esto sí es un error, que además está en el origen del sufrimiento y la sensación de soledad de muchos padres.

Afortunadamente la historia está cambiando. Hay más información y más libertad para expresar todo el abanico de emociones y sentimientos que los padres experimentan durante y después del parto, y que no siempre son positivos.

El caos de tráfico que últimamente sufrimos en Madrid, nos ha ofrecido la posibilidad de organizar un pelín las ideas e intercambiar impresiones. De paso le he explicado que no todos los días voy con una guitarra y tres bolsas y que, si bien es verdad que los hijos no dejan jamás de reclamar atención, sí es cierto que no todas las etapas son igual de exigentes físicamente hablando.

La familia es algo dinámico y una historia abierta en la que hay que nunca dejamos de estar en proceso de adaptación. Cada uno de sus integrantes está cambiando continuamente y eso somete a los padres a un aprendizaje permanente. ¿Puede haber algo más emocionante? 

No sé si cuando crecen es peor. Desde luego es diferente y conlleva otro tipo de presencia y de atención. Y por lo tanto el cansancio también es distinto. Menos físico, si se quiere; quizás más psicológico. En cualquier caso no menos emocionante. @amparolatre

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