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Nacimiento

Entre los momentos que una mujer no olvida jamás, en un lugar privilegiado están seguro, los nacimientos de sus hijos. Sara solo tiene siete meses, pero Ángel e Irene tienen 9 y 6 años y recuerdo perfectamente cómo sucedió todo.

Al echar la vista atrás no puedo evitar sentirme agradecida. Han sido partos buenos, sin problemas graves y en los que he podido disfrutar con mi marido, y con la intimidad que los dos queríamos, de esos instantes, cruciales para la vida de cualquier pareja.

Actualmente hay muchos medios y nos hacen controles continuamente, pero el nacimiento de un niño, no deja de ser un momento extremadamente delicado en el que tanto la madre como el bebé están expuestos a complicaciones. Además, por mucho que nos preparemos a nivel logístico y nos informemos sobre cómo va a transcurrir el alumbramiento, de lo que no nos damos cuenta es que uno de los aspectos en juego más importantes, es totalmente imprevisible: nuestras emociones.

La manera de amar, de proteger o de sufrir, adquiere una dimensión distinta en el momento que abrazamos por primera vez a nuestro hijo. Esto añadido a todas las consecuencias físicas del parto, convierte a las mamás en personas especialmente vulnerables. Y como con tantas circunstancias en la vida, en ésta… nos encontramos con gente que practica la empatía con acierto, otra que no acierta ni a la de tres y otros que ni lo intentan.

Por eso, me parece tan importante que en el calendario anual haya hueco para citas como la “Semana Mundial del Parto Respetado”, que se celebra estos días con el lema “Por favor, no molesten. Estamos de parto” y en la que se reclama más información, más flexibilidad y sobre todo más humanidad para vivir este momento.

Los avances técnicos tienen muchas ventajas y en la medida que reducen riesgos, ofrecen seguridad, pero en ocasiones a costa de resentirse la cercanía o la calidez, algo fundamental para poder disfrutar del embarazo y el parto.

He disfrutado tanto del nacimiento de mis hijos, que me da pena cuando escucho a mujeres que, sin tener motivos de peso como una complicación grave, lo recuerdan con cierta desazón. Todas entendemos que hay unos protocolos y modos de proceder, pero en mi opinión, nunca está justificada ni la falta de delicadeza, ni la falta de humanidad, ni la falta de información, ni la falta de libertad. Hay mucha más posibilidad de decidir, de la que a veces nos hacen creer.

Y aprovecho para mandarle un beso desde aquí a Isabel, una matrona estupenda, que me atendió en el nacimiento de Sara, siempre con una sonrisa en la cara y siempre con una mano libre, para coger la mía.

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