Dormir o no dormir, esa es la cuestión

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Dormir o no dormir, esa es la cuestión

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Hasta que no se tienen hijos, uno no cae en la cuenta de la diferencia entre lo que supone afrontar un día, después de haber
dormido siete horas seguidas y lo que significa sobrevivir a una jornada, después de una noche en blanco. Por no hablar de esa sensación que una tiene como de ir flotando por la vida, cuando hablamos de varias noches sin pegar ojo.

La cuestión salió hace unos días mientras tres mamás intercambiábamos impresiones antes de intervenir en una tertulia radiofónica sobre mamás blogueras. Os dejo el enlace por si os interesa escucharla (http://www.cope.es/detalle/Tres-madres-dan-consejos-a-traves-de-sus-blog...).

El tema del sueño es un clásico. No es una moda; los padres cuentan sus desvelos desde el principio de los tiempos. Aunque quizás se ha convertido en algo más controvertido desde la publicación de un par de libros que han suscitado todo tipo de opiniones a favor y en contra. Y posturas de lo más encontradas.

No quiero entrar en este debate. Solo quiero, porque el otro día, se encendió el pilotito rojo del directo y dejamos la conversación a medias, contarle a mi amiga Marta un pequeño truco que con Irene de 6 años ha funcionado durante algún tiempo.

Mis tres hijos duermen muy bien. Afortunadamente esa no es mi batalla, aunque tengo otras, pero la pobre Marta decía el otro día que no sabe lo que es dormir de un tirón y yo me acordaba de “la foto de la salvación”. Recuerdo una temporada que Irene se despertaba varias veces cada noche. Y después de varios días con esa sensación de estar como en una nube, de la que hablaba al principio, tuve la siguiente conversación con Irene.

- Irene, cuando te despiertas ¿te duele algo? ¿por qué me despiertas también a mí?

- Quiero verte la cara para poder volverme a dormir.

Se me ocurrió que podíamos encontrar una solución. Cogimos el álbum de fotos y le dije a Irene que escogiera la foto que más le gustara. Le gustó una en la que aparecía yo de niña junto a mi madre. Casualmente en esa foto tenía la misma edad que ella tiene ahora.

- Te la regalo, le dije. A partir de ahora puedes dejarla debajo de la almohada y ver mi cara a media noche cada vez que la necesites, pero despiértame solo si crees que pasa algo grave. Si no, es mejor que me dejes descansar para que tenga energía y ganas de jugar contigo al día siguiente ¿vale?

Hace unos dos años de esa conversación y la foto sigue debajo de la almohada. Arrugadita, arrugadita, pero ahí está; cumpliendo una función bien importante.

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