Educación e hipocresía

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Desde que se ha abierto el plazo de matrículas en los colegios he entrado en bucle. Tengo un ramillete de cuestiones de lo más interesante sobre las que escribir y hablar, pero mis compañeras “no me dejan” y es que la elección del colegio de nuestros hijos es un tema que suscita debates de esos que no quieres dejar a medias.

Así que pasan los días y no agotamos el asunto. Menudo gallinero hemos montado esta mañana.

Hoy el tema era el siguiente. ¿Cuándo hablamos de integración y de que nos parece positiva para la educación de nuestros hijos…. de qué estamos hablando exactamente?

- ¿De que estén en un colegio en el que convivan con naturalidad con niños que tienen necesidades diferentes a las suyas? De acuerdo. Aceptamos barco.

- ¿De que disfruten de la riqueza que siempre supone estar con niños de culturas distintas? Por su puesto. Aceptamos gustosos la travesía.

- ¿De que mi hijo sea la excepción en un aula que se ha convertido en un guetto? Pues en este punto, pudiendo coincidir con el ideario del colegio, me bajo del barco.

¿Y por qué? Pues porque tan importante es que mi hijo descubra diferentes tradiciones y creeencias como que tenga referentes afines a él y a su familia, a nosotros. Porque yo también soy parte de la comunidad educativa y como tal, quiero sentirme integrada entre los maestros y profesores del centro en el que mi hijo vaya formándose.

Pienso que, que un centro pase de ser saludable y recomendable a convertirse en un guetto depende, en primer lugar, del porcentaje que haya de personas de distintas procedencias y con distintas necesidades y de los recursos para que, independientemente de las características del alumnado que haya, jamás se sacrifique ni un nivel digno, ni la discriplina, ni lo que podríamos entender como el transcurrir normal de un colegio.

Y desgraciadamente esto en ocasiones se sacrifica. ¿Quién no conoce a alguien a quien un maestro le ha dicho por estos motivos y con la boca pequeña “yo a mis hijos no los traería a aquí”? Pues eso.

En el debate de hoy con mis compis, si en un punto estábamos de acuerdo es en la hipocresía que muchas veces reina cuando se habla de estos temas. Todos somos muy abiertos y muy integradores hasta que está en juego lo que más queremos. Pero no siempre nos atrevemos a decir alto y claro que hay ciertas realidades con las que preferimos que nuestros hijos no convivan desde los tres años y que los experimentos… con gaseosa.

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