El escudo protector

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Cubo

Julio es un mes peculiar. Después de la tempestad que siempre supone junio, llega un mes de cierta calma.

Son días de tanto trabajo, como silencio (y qué raro se me hace). Sara se pasa el día buscando a sus hermanos: “tete no ta”, “tata no ta”. Y me pide explicaciones poniendo las palmas de la mano hacia arriba.

Ángel e Irene pasan el mes en la playa con los abuelos, jugando al sol y a remojo todo el día. No me cansaré de decírselo. Esta dosis de playa cada año, es el mejor regalo que pueden hacer a sus nietos. Dentro de nada, preferirán otros planes. Mientras, yo, entre cuento y cuento, reviso armarios, descartando lo que se ha quedado pequeño y reubicando las prendas heredadas.

Aprovecho también para marcar uniformes y comprar lo que falta. No lo puedo evitar, el orden me da paz y me voy mucho más relajada de vacaciones si me marcho dejándolo todo a punto para la vuelta. Hacer todo esto con Sara al lado no es que sea complicado, simplemente, que en más de una ocasión he de repetir la tarea varias veces. Deshacer lo que yo voy haciendo le resulta fascinante.

Es un auténtico reloj para la siesta y la hora de irse a la cama, eso me permite también hincarle el diente a esa montaña de cosas pendientes por leer que va creciendo y creciendo a lo largo del curso. En esta ocasión estoy disfrutando leyendo cosas sobre ‘el apego’. Preparar una entrevista de radio me ha obligado a revisar material que tenía medio olvidado y a hablar con un par de personas expertas en la materia. Qué interesante me ha parecido este tema.

He aprendido que vínculo y apego no son sinónimos. No todo vínculo afectivo es apego, pero siempre que hablamos de apego hablamos de un vínculo afectivo. Y qué es el apego, pues algo así como la capacidad que tenemos para ofrecer serenidad a nuestros hijos. Algo así como la habilidad para calmarles en un momento de estrés.

Los expertos explican que desarrollar un apego sano es fundamental que las personas sepan manejar bien sus emociones y tener un buen autocontrol. De hecho, los que estudian el tema del apego se refieren a él como ‘el escudo protector’. En el caso de los niños pequeños, influye en que sean menos miedosos ante lo nuevo y tengan más ganas de explorar lo que les rodea. Y esta es la base del aprendizaje.

Uno de los puntos que más me está haciendo pensar es el siguiente. Para que el apego evolucione como sería deseable, es necesario que el adulto ofrezca tiempo y estabilidad. Es decir ¿qué pasa cuando los adultos que se ocupan del niño no pasan mucho tiempo con él? ¿Qué sucede cuando varían mucho las personas que le atienden? Cada uno que saque sus propias conclusiones.

Como dice una de las psicólogas con las que he hablado, ‘no todo en la vida es apego’. Cierto, pero sin duda es un tema importante, además de bonito.

Llegan días en los que disponemos de más tiempo para estar con nuestros hijos. No nos obsesionemos con qué vamos a hacer. Más importante es estar.

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