Una cocina a prueba de ratones

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Hace tiempo que mi marido me lo había advertido: “no podrás dejarlo”. Y así ha sido, desde el mismo día que lo empecé a leer me dije, “esto tiene que ir al blog”. Lo que sucede es que la vida con niños da tanto juego, que a veces cuesta decidir a qué asunto hincarle el diente.

Pero hoy es el día. A primera hora se ha cruzado una conversación inesperada, a raíz del típico “¿qué tal está llevando tu peque este frío?”. Una pregunta que ha desencadenado un sano desahogo de preocupaciones y esperanzas entre tres madres. A una de ellas no la conozco mucho, aunque la predisposición de nuestros hijos hacia las bronquiolitis ha hecho que nos paremos a hablar del tema en más de una ocasión.

Hoy me hubiera gustado decirle algo útil, que le hiciera sentir mejor en ese angustioso momento que siempre es esperar un diagnóstico. Luego he pensado, “qué prepotencia la mía”. Me ha sorprendido la serenidad de esta mujer y su “estoy aprendiendo a tener paciencia”. Eso sí es útil.

La conversación me ha recordado la novela que cojo con impaciencia cada noche últimamente. Así que estoy deseando que estén todos acostados (aún quedan horas para eso, un control de Lengua que preparar y una poesía que aprender) para volver a abrir las páginas de “Una cocina a prueba de ratones”, de Saira Shah (Ed. Salamandra) y meterme en la psicología de ese matrimonio que ve cómo sus planes y su futuro como pareja se convierten en un interrogante mayúsculo al saber que el hijo que tanto han deseado, ha nacido con problemas en los que jamás habían pensado.

Como diría Mayra Gómez Kemp: “Hasta ahí puedo leer”.

Os recomiendo esta novela, de todas, todas. Necesitaré unos días para acabármela, pero una vez llegue al final de esta historia, presto el libro a quien me lo pida.

Los problemas, las inseguridades, las esperas angustiosas y los requiebros forman parte de la vida. Con demasiada frecuencia cometemos el error de pensar que podemos tenerlo todo controlado o llevar siempre nosotros la iniciativa de lo que nos sucede, sin entender que el misterio es parte de nuestra existencia. Que seamos capaces de sonreír cada mañana, depende de nuestra capacidad para seguir caminando, para adaptarnos, para aceptar los retos y para esperar, sin desesperar en esos momentos en los que se nos hace un nudo en el estómago. Entonces, no es mala idea permitirse el lujo de llorar un poco, lo que haga falta. “Pero solo un poco”, si no nos quedamos ahí, probablemente veamos con más claridad después.

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