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¿Cómo cuidar una piel sensilble?

La piel sensible es un problema que cada vez afecta a más personas, tanto hombres como mujeres, ya sea por el estrés, la contaminación, una dieta inadecuada o simplemente por causas genéticas, los problemas de piel sensible son cada vez más consultados a los dermatólogos. No es de fácil solución, una vez que nuestra piel ha tenido una reacción de este tipo sólo nos queda cuidarla a conciencia para minimizar sus efectos.

Los especialistas clasifican la piel sensible en cuatro tipos: acné, rosácea, escozor y ardor, y dermatitis de contacto. La primera suele darse en la adolescencia y es el más pasajero, normalmente desaparece con los años. Las demás variaciones pueden acompañarte desde el nacimiento o aparecer en la edad adulta, igualmente hay casos que podrían desaparecer pero por norma general esta sensibilidad no es pasajera y debemos prestarle mucha atención.

Aunque las soluciones cosméticas son muy importantes, hay que empezar por cambiar ciertos hábitos alimenticios. Beber mucha agua y zumos naturales es fundamental para mantener la piel hidratada, así como un consumo habitual de frutas y verduras ricas en vitamina C como las naranjas, los kiwis o los pimientos. Eliminar las bebidas alcohólicas, y otras comidas perjudiciales para las pieles sensibles como el gluten, los huevos, las especias o las comidas picantes, reducirlas al máximo.

La limpieza es muy importante para mantener la piel libre de impurezas pero no debe utilizarse el jabón normal, sino uno hipoalergénico, libre de perfumes y formaldehído, que sea especial para pieles sensibles. Los jabones convencionales contienen fragancias y otros componentes químicos que pueden resultar muy dañinos si tenemos algún problema de piel. Una vez limpia, la piel debe estar perfectamente hidratada, de lo contrario contribuimos a que sea más vulnerable a infecciones, alergias, daño solar o irritaciones.

Hoy en día no es difícil encontrar completas líneas de cremas hidratantes y nutritivas que cubren perfectamente toda necesidad de una piel sensible, alérgica o con algún problema como rosácea, irritaciones o rojeces. Comprueba siempre las etiquetas, que no contengan ningún ingrediente químico que pueda provocar reacciones cutáneas. Para cualquier duda consultar al especialista es siempre la mejor opción, él nos puede hacer un estudio de la piel y recomendarnos un tratamiento que se adapte a nuestras necesidades. El aceite de oliva o el aceite de coco son una buena opción natural para hidratar la piel.

Algo importante a tener en cuenta en nuestro neceser son los cosméticos y productos de maquillaje que utilicemos. En función del grado de sensibilidad que tengamos, tendremos que utilizar productos especiales para piel sensible o tener mucho cuidado con que los que usamos no nos dañen la piel. Por ejemplo, el rímel debe renovarse cada tres meses y los lápices de labios cada seis meses, así evitamos que se contaminen. Utilizar lápices para delinear ojos y labios, mejor que productos líquidos, y hacerles punta cada vez que los vayamos a utilizar, así también nos ahorramos las posibles partículas que puedan depositarse en la punta. No se recomienda utilizar maquillajes “waterproof” porque son difíciles de eliminar, y evitar en la medida de lo posible los colores más oscuros e intensos, mejor apostar por tonos naturales.

Dormir 8 horas por la noche es fundamental para que nuestra piel trabaje y se renueve durante este periodo. Si fumas mejor déjalo, el tabaco provoca un estrechamiento de los vasos sanguíneos, incluyendo aquellos que suministra oxígeno y nutrientes a las capas externas de la piel. Por último, intenta sacar 20 minutos al día para relajarte, el estrés provoca serios problemas en la piel, dilata los vasos sanguíneos, lo que causa enrojecimiento de la piel y agrava la rosácea, además, al estar tensos el cerebro libera cortisol, aumentando la producción de grasa y agravando también problemas de acné.