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¿Cómo desmaquillarse correctamente?

Irse a la cama sin eliminarlo es un error muy grave para nuestra piel que debemos evitar siempre. Nuestra piel tiene turno de noche, se regenera durante las horas nocturnas y no desmaquillarse puede ser una causa directa del envejecimiento prematuro de la piel. Los poros quedan obstruidos y puede provocarnos una irritación, erupción de pequeños granitos, sequedad y deshidratación de la piel.

En función de nuestro tipo de piel o el maquillaje que llevemos, las opciones para eliminarlo en profundidad son muy variadas.

Debemos empezar siempre por ojos y labios que son las zonas más sensibles del rostro, y donde el maquillaje es más intenso, sobre todo, si elegimos productos waterproof. Para esta zona lo mejor es utilizar agua micelar, que sirve para todo tipo de pieles y limpia suavemente. Claro que si el maquillaje elegido es resistente al agua, el agua micelar no servirá para eliminarlo en su totalidad, y tendremos que optar por un limpiador bifásico. Aplica el producto con un algodón y limpia con suaves toquecitos, sin arrastrar ni presionar demasiado para no irritar la zona.

Una vez limpia esta zona de la cara, lo siguiente es limpiar el rostro con productos que sean específicos a tu tipo de piel. Si tienes la piel seca, lo más importante es hidratarla y, para ello, las leches limpiadoras son la mejor opción aplicadas con un algodón, pero no uses jabones. Estos últimos, sí que son recomendables para piel sensible, siempre que sean naturales y neutros que no causen irritaciones. Los jabones son muy fáciles de utilizar, sólo tienes que lavarte bien la cara y después secarte suavemente con una toalla de algodón. Si tienes la piel mixta, la mejor opción es un gel en forma de mousse o volver a recurrir al agua micelar, y si es grasa también puedes utilizar jabones que eliminen el exceso de sebo y tengan acción secante.

Existen limpiadores en el mercado que valen para todo tipo de pieles y que minimizan todo este proceso. Son limpiadores 3 en 1 que limpian, tonifican e hidratan a la vez, y además son muy fáciles de utilizar. Se aplican como cualquier crema, con la mano o con un algodón por todo el rostro, incluyendo ojos y labios, y después se retiran fácilmente con otro algodón limpio o solo enjuagándonos el rostro con agua tibia y secándolo después con una toalla suave.

Después de desmaquillarnos siempre hay que aplicar un tónico. No sólo porque eliminamos el resto de impurezas que hayan podido quedar, sino porque los limpiadores bajan el pH de la piel y el tónico devuelve la acidez para que el tratamiento posterior actúe mejor. Además, aporta un extra de frescor a la piel y la dejan más descansada. Procura que no lleven alcohol en su formulación para evitar irritaciones.

Y una vez que tenemos el rostro bien limpio, sólo hay que aplicar nuestro tratamiento habitual. Empezaremos por un contorno de ojos que nos ayude a minimizar bolsas y ojeras, después un sérum adecuado a nuestro tipo de piel nutritivo e hidratante, y acabaremos con nuestra crema habitual. Siguiendo este ritual de belleza nocturno, nos levantaremos con el rostro perfecto, sano y joven.