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5 límites que sí o sí debes ponerle a las visitas

1. Prohibido venir sin avisar (o extenderse más de la cuenta)

Como no todas las mamás quieren recibir visitas en el hospital (o sí, pero al revés, prefieren que no vengan a casa), hay que preguntar de antemano a los futuros padres si es que están dispuestos a recibirte, y en qué momento les resulta más conveniente. De la misma manera, la visita ideal no debería extenderse más de media hora. Lo suficiente para felicitar a los orgullosos padres y ver a la criatura –que probablemente solo quiera tomar el pecho, o dormir. Sobre todo procura ser breve si hay muchas personas visitando al mismo tiempo.

2. Prohibido darle (aún más) tareas a la nueva mamá

¡Bienvenidas las visitas que ofrecen y brindan ayuda desinteresada! Así sea preparar una taza de té, levantar la mesa o entretener por un rato a los hermanitos mayores del bebé. Por el contrario, nada peor que llegar, instalarse cómodamente en el sillón y pedirle a la cansada madre que te prepare un café, ella que probablemente no ha pegado un ojo y a quien aún le duelen los puntos de la episiotomía.

3. Prohibido fumar

Nadie en pleno siglo 21 encendería un cigarro delante del bebé. Pero tampoco conviene llegar apestando a humo, ya que las partículas del tabaco y la nicotina quedan adheridas al cabello y a la ropa y pueden resultar nocivas también. De la misma manera, no debería ir a conocer a un recién nacido alguien que se encuentra acatarrado.

4. Prohibido coger al bebé sin permiso

Seguramente mueres por abrazar al pequeño y darle mucho amor, pero en este momento los bebés solo necesitan los brazos de sus padres. Ya habrá oportunidades para cogerlo en brazos cuando sea algo mayor. Una posible excepción son los abuelos del bebé, que pueden ser una gran ayuda para que mamá se dé un baño o descanse un ratito.

5. Prohibido dar consejos sin que sean solicitados

Nos referimos a personas queridas y de confianza (o no tanto) que atosigan a los padres con una avalancha de recomendaciones: “Colócale un gorrito, hace frío”, “Pero, ¿es que no ves que este niño tiene calor?” “¿Y le das el pecho?” “¿Por qué no lo coges de tal o cuál manera?”. Tal vez el límite más difícil de poner. Tal vez es preferible silenciar interiormente esas voces.

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