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5 planes de verano de los que una embarazada no quiere oír hablar

1. Visita monumental a castillos e iglesias en tierras de secano.

Largas cuestas pedregosas bajo un sol de justicia para llegar a la cima de la colina; guías turísticos que te explican capiteles, retablos y almenas con todo lujo de detalles mientras permaneces de pie, escuchando con atención; torres del homenaje de las que se sube y baja por angostas escaleras en fila india… Gracias, pero no. La embarazada lleva una mochila de muchos kilos en el abdomen permanentemente. Estar largo tiempo de pie le produce dolor de espalda y agrava el edema de las piernas. Es más  fácil perder el equilibrio. Y las hormonas hacen que se produzca más melanina y multiplican las posibilidades de que salgan manchas en la piel, especialmente en la cara (el famoso paño de la embarazada o cloasma).

2. Noche de diversión en la peña durante las fiestas patronales.

Si conserváis esta tradición, tan arraigada en muchos pueblos, es porque os encanta. Pero la futura mamá suele necesitar planes más tranquilos. Lo habitual es llegar derrengada al final del día, las cenas de las peñas no han sido diseñadas por nutricionistas precisamente y muchos de los platos típicos están desaconsejados en el embarazo, como el embutido, quesos sin pasteurizar o ensaladas que no estén rigurosamente lavadas y, no nos engañemos, las reuniones de las peñas suelen estar regadas generosamente con alcohol, del que la embarazada no puede probar ni una sola gota. ¿Dentro de dos años volvemos a hacer una visita?

3. Cena de amigas del cole.

Sí, es genial esa tradición de juntarse una noche de verano para hacer un plan de chicas con las amigas del instituto, ponerse al día de los chismes y bailar hasta las tantas pero… Este es el escenario: Las amigas que han sido madres hace poco están deseando marcharse porque han dejado al bebé en casa y están preocupadas por si las reclama; las amigas con hijos mayores están desatadas porque la ocasión la pintan calva y, para una vez que salen, piensan quemar la ciudad; las amigas solteras no consiguen comprender el estado emocional del resto, ellas están a otra historia y, además, luego han quedado con uno del Tinder, que seguro que no os importa. A la embarazada, muerta de sueño por efecto de las hormonas, le irá casi seguro el ritmo de las mamás recientes, pero lo de quemar la ciudad, mejor lo dejamos para otro momento de la vida.

4. Pasar el día con esa cuñada tan difícil.

O con la suegra con la que hay un trato un poco tirante. Otro efecto colateral de las hormonas es que la mujer está más sensible, puede que más irritable, seguro que más receptiva a todos los mensajes no verbales que se emiten a su alrededor. Los cambios emocionales que se producen durante el embarazo hacen que se pase bruscamente de la euforia a la tristeza y que el enfado aflore con cualquier cosa. Si, además, estás en el primer trimestre, cuando aún no se nota la tirita pero puedes estar sufriendo náuseas y otros síntomas del embarazo antipáticos, esas comidas-polvorín familiares que hace unos meses aguantabas con resignación y un Almax ahora se te hacen muy muy cuesta arriba y pueden tener consecuencias nefastas.

5. Iniciarte en un deporte de acción (o seguir practicándolo).

No, el verano del embarazo no es el momento ideal para hacer rafting, escalada ni senderismo por sitios escarpados. Ni deportes de contacto (judo, baloncesto), de impacto (correr) ni deportes bajo el agua, como el buceo. Tampoco para actividades deportivas en grupo que no estén organizadas específicamente para embarazadas. El deporte en el embarazo tiene ciertas restricciones por el bienestar de la madre y del bebé, y hay que respetarlas. 

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