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El lanugo y el vérmix

El lanugo: bebés aterciopelados

Cuando cursas tu segundo trimestre de embarazo, entre la semana 13 y la 16 para ser exactos, al feto le crecen en su cabecita una fina capa de vello muy suave, que luego se irá extendiendo por el resto del cuerpo. Hacia la mitad del embarazo el bebé se vería todo velludo, pues el lanugo ya cubre todo su cuerpecito y funciona como una capa protectora de la piel. Al no tener aún depósitos de grasa, lo ayuda a conservar el calor.

Cuando el embarazo llega a su término, alrededor de la semana 38, el lanugo deja de ser necesario pues el bebé ha engordado y ya puede conservar la temperatura gracias a su grasa corporal. Entonces, esa fina vellosidad se desprende y queda flotando en el líquido amniótico. Seguramente tu bebé lo trague y pase a ser parte del meconio, sus primeras deposiciones.

¡Mi bebé ha nacido velludo!

Algunos bebés aún conservan parte del lanugo al nacer, especialmente en la cabeza (no se trata de cabello pues es mucho más fino y se irá desprendiendo con los días), en la espalda y en sus hombros. Esto es particularmente notable en los bebés prematuros, que aún no habían alcanzado la suficiente grasa corporal para permitir que el lanugo se desprendiera mientras estaban en la barriga.

Pero no hay de qué preocuparse: el lanugo se irá cayendo por sí solo a medida que el bebé crezca. Si vosotros decidís rasurar la cabecita de vuestro recién nacido, hacedlo, pero sabiendo que ello no implica que el cabello vaya a crecer más fuerte ya que ello depende solo de su genética.

¿Y el vérmix?

Se trata de una capa blanquecina de una sustancia grasosa que recubre la piel de los bebés a partir de la semana 20 de embarazo. El lanugo, de hecho, ayuda a que esta sustancia producida por las células sebáceas fetales se adhiera mejor a la piel. El vérmix caseoso (llamado así por su similitud con el queso) tiene muchas funciones: principalmente, proteger la piel del feto en un entorno líquido como el del útero de la deshidratación.

Pero además, el vérmix también lo protege de infecciones, roces e irritaciones. Por ello, cuando el bebé nace cubierto total o parcialmente de vérnix, cada vez más el consejo es no lavarlo, permitir que la piel lo reabsorba por sí sola, para así aprovechar sus beneficios hasta los primeros días de vida fuera del útero.

Evidentemente, la naturaleza es muy sabia y brinda muchas herramientas para proteger al feto antes de que seamos nosotros quienes tengamos la función de abrigar y cuidar al bebé.