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El pelo en el embarazo

Cambios del pelo en el embarazo

Gracias al efecto de las hormonas, el cabello se vuelve más abundante y sedoso porque se cae menos de lo habitual, y la mayoría de las embarazadas lo notan con más volumen. Algunas embarazadas notan su pelo más graso, porque puede aumentar  la secreción de grasa del cuero cabelludo, pero también puede verse más seco. Puede suceder, incluso, que cambie de textura, y el pelo rizado o fosco se alise de manera natural.

Este deslumbrante efecto desaparece a las pocas semanas del parto, así que hay que disfrutarlo. En los meses posteriores a dar a luz, el efecto es el contrario, y el pelo se cae mucho más que de costumbre. Tampoco hay que asustarse: a los pocos meses de dar a luz nuestro cabello será el de siempre.

Pelo bonito y cuidado en el embarazo y la lactancia

Para cuidar el cabello durante el embarazo y el posparto  se recomienda usar un champú neutro suave, no aplicar mucho calor para secarlo ni utilizar planchas, ya que se estropea más y el cuero cabelludo está más sensible.

Sobre la conveniencia de aplicar tintes o mechas en el embarazo y la lactancia, existe cierta controversia. Algunos ginecólogos lo desaconsejan, por la posibilidad de que los agentes químicos de estos productos penetren en el organismo a través del cuero cabelludo. Otros estudios apuntan que los componentes químicos de los tintes no son tan agresivos como hace años y no comportan peligro.

¿Y qué pasa con el vello?

Igual que el cabello está precioso durante la gestación, debido a la acción de otro tipo de hormonas (en concreto, los andrógenos) también suele aparecer  vello en zonas donde nunca lo habíamos tenido, como la barbilla, la mandíbula o el vientre. Y, por fortuna, este cambio también es temporal.

La mejor manera de depilarlo es con cera o con pinzas. Por la seguridad del feto, en ningún caso debemos utilizar decolorantes químicos, ya que podrían penetrar en nuestra piel y llegar a la placenta a través del torrente sanguíneo. También se desaconseja la depilación láser,  porque es fácil que aparezcan manchas (el famoso “paño de la embarazada”) en  la zona tratada al contacto con el sol por la mayor fotosensibilidad de la piel durante los meses de embarazo.